Desde hace trece años me paso la vida entre ruedas y asfalto. Siempre me ha gustado y nunca le vi inconveniente alguno a esta forma de vida, que me permitía pasearme por España entera subido a un biplaza de entre cuatrocientos y quinientos cincuenta caballos de potencia. Siempre hasta que mi esposa acabó la carrera y decidimos que era hora de plantearnos aumentar la familia. Eso pasó en Diciembre y las cosas han cambiado mucho por aquí.

Ya no estoy tan a gusto viajando con el camión. Se me hace un mundo irme y pasar la semana entera fuera de casa. Desde que decidí que era hora de ser padre el trabajo, más que una forma de vida, se ha convertido en un pesar que se agudiza los Domingos y los Lunes. Es duro irse, muy duro y cada semana lo es más. Nunca pensé que esto me pasaría.

A todo ello se le une la propia compañía que en carretera todos los profesionales nos vemos obligados a aceptar, la de los Domingueros. Miren, el camión en uno de los oficios más peligrosos que hay en el mundo. Siempre estamos en un “ay” que signifique no volver nunca más a casa, o en su caso, hacerlo demacrados de por vida. Estamos expuestos a decisiones de conducción que protagonizan personas que el tiempo medio diario de permanencia tras un volante no sobrepasa los veinte minutos. Son simple y llanamente ineptos al volante convertidos en peligro mortal para quienes nos ganamos la vida en esto.

Ir por la carretera y ver cómo un coche de un imbécil se te cruza y te obliga a pegar un frenazo está a la orden del día. Es más, me pasa a diario sin exageración ninguna. Todos los días estoy a punto de tener un accidente y todos los días debo olvidarlo para tener la fuerza necesaria para sentarme de nuevo tras el volante. La mayoría de los que me acompañan por la carretera lo saben y quienes son compañeros de profesión me darán la razón cuando les diga que hoy, que no cuando me lo saqué, no sabría contestar a la pregunta de porqué me hice camionero.

Es más, si pudiera dar marcha atrás en mi vida, si un genio me permitiera hacerlo a un sólo día en concreto, elegiría el momento en que dejé un trabajo en una fábrica de placas de escayola para cambiar la máquina que manejaba por una tractora de camión. Si pudiera borraría sin melancolía ninguna todo mi pasado camionero.

Pero no se crean que estoy deprimido. La verdad es que he decidido tomar cartas en el asunto y formarme debidamente para aprovechar la oportunidad que me permita abandonar el volante y aceptar un trabajo que me deje dormir todos los días en casa. Lo estoy haciendo desde Diciembre y creo que posiblemente pronto pueda decir que las cosas cambian por aquí.

Sirva este post para que, cuando vayan por la carretera, vean con ojos paternales a quienes como yo se pasan la vida tras el volante. No nos puteen. No nos hagan la vida imposible. No nos compliquen la vida. Simplemente comprendan que nosotros, cuando nos vamos de casa a principios de semana, lo hacemos siempre pensando que posiblemente sea la última vez que veamos la fachada de nuestro hogar, o que nos despidamos de nuestras esposas e hijos. No es que pensemos que nos vamos a matar, sino que convivimos con esa posibilidad y aprendemos a cohabitar con ella a diario.

Sirva el post para que se conciencien de lo peligroso que es la carretera y de que no sólo ustedes pueden matarse en un accidente. Para que sepan que hasta ustedes pueden ser los responsables de que otra persona muera. Para que conduzcan decentemente de una puta vez en su vida.

He leído el artículo que publica hoy en su blog Jose Luis y me he sentido aludido, tanto en cuanto al observar desde la distancia lo dicho y escrito en este blog, uno reconoce en lo plasmado cierto aire crítico a cuanto bloguer o personaje aparece creyéndose el rey del mambo del dospuntocerismo más retrógrado.

Para Jose Luis, un gurú de los que se podrían denominar “nocivos”, es aquel que basa irremediablemente su sino blogueril en la crítica constante a otros bloguers, que aunque no lo sean, se creen gurúes capaces de movilizar a cuanto seguidor acceda a donarles la píldora. Y lo que es peor, ese “gurú nocivo” es alguien que, sin serlo, cree a pies juntillas que para el resto de la blogosfera su condición es esa, la de gurú.

Yo no me siento gurú, por supuesto, pero si me veo reconocido en la etiqueta de “ser cabreado con el mundo que no sabe vivir sin criticar a nadie”. Y eso, quieran que no ustedes, a uno le preocupa sobremanera.

Yo no pretendo vivir continuamente amargado.

Lo crean o no, mi vida más allá del ordenador suele estar bañada en un mar de carcajadas constantes, que me son obligadas por ser servidor de ustedes una persona que necesita de la broma y el cachondeo para poder desempeñar su labor diaria de forma que no se le haga pesada.

Pero debo decir que en este mundillo me puede el gusanillo que ofrece el tener la oportunidad de poner en su lugar a quienes, amparándose en rankings y demás parafernalias del onanismo blogosférico, utilizan su posición privilegiada para impartir sermones que nada de nada aportan al bien común de los mortales.

No. No soy un gurú, pero sí creo que tengo merecido el calificativo de “bloguer nocivo”. Puede que guste más o guste menos mi forma de ver la blogocosa. Pero qué quieren que les diga señores, es mi particular forma de ver este mundillo y la que me lo hace apetecible de visitar siempre que puedo…

Así que disculpen mi bilis, mis vómitos y mis salidas de tono cuando las tenga.

Ya saben que si quedamos algún día para tomarnos unas cervezas lo último que haremos será cabrearnos. Puede que como mucho les cuente un chiste apostado en la barra del bar, mientras ustedes se pegan el lingotazo de alcohol y servidor, como buen abstemio que es, se bebe su corrosiva y gaseosa Coca-Cola bañada en cubitos de hielo.

Ya saben que pocos, muy pocos de los que conocen en este mundillo, son tal cual los imaginan ustedes. Aquí las apariencias siempre engañan y ni los cabreados están siempre cabreados, ni los que se pasan el día reivindicando cosas van con la pancarta pegada en el culo cuando pasean por la calle. La blogosfera es simplemente una colección de “quieros y no puedos” en la que simplemente hay que discriminar a quienes se crean que nos enseñaran algo aunque ello sea una chorrada.

Y yo, como comprenderán, de enseñar nada de nada.

Tal vez y como mucho, les escriba algo que les parezca mal. Pero nada más. Ya saben que soy un simple camionero metido a bloguer desde hace seis años, que en nada ha progresado por este mundillo, más que para hacer unos cuantos amigos e irlos perdiendo a renglón seguido por el camino.

En la era en la que Twitter se destapó como la madre de todas las herramientas del ciber-activismo, esa que facilitaba la comunicación entre millones de usuarios para que estos se organizaran a la hora de decidir qué pasos debían seguir para planificar y ejecutar las más variopintas protestas cibernautas, servidor de ustedes no ha podido más que recordar a un buen amigo, que hace algo más de un año, denunció en su blog a esta misma herramienta por mantener en sus servidores cuentas de reconocidos pedófilos declarados (aún abiertas), ávidos de plantear a la sociedad falsos debates sobre la condición propia que los caracterizaba, la pedofilia, y la diferencia que había entre ellos y los pederastas propiamente dichos.

Nada para recordarnos a todos qué es esto de la pedofilia y la pederastia, como recordar aquel viejo vídeo que pusimos una vez en el blog y que tan cruel y real se tornó a los ojos de quienes no desean aceptar, que gente de semejante calaña, es nuestra compañera de viaje por este cibermundo activista en defensa de la solidaridad y los derechos humanos.


Pablo G.M., Monólogo de un pedófilo por CARLY-MARTINEZ

Siempre olvidamos que quienes ganan dinero poniendo a nuestra disposición estas herramientas, también están o deberían estar obligados a establecer una estrecha vigilancia sobre sus usuarios que facilitara, cuanto menos, que delitos tan crueles como lo son aquellos que afectan a los niños, pudieran ser atajados de forma instantánea poniendo a disposición judicial a cuanto delincuente se pusiera a tiro de la policía en cualquier país del mundo.

Lo malo es que siempre vitoreamos este tipo de herramientas por haber sido el hilo conductor de alguna que otra revolución (cosa que sinceramente dudo) y olvidamos demasiado rápido su responsabilidad en lo referente a las trabas que éstas ponen a la hora de perseguir a los delincuentes que las utilizan para comunicarse con los demás depravados que cohabitan con nosotros por este mundillo. Demasiado rápido perdonamos las faltas de quienes ganan dinero a espuertas gracias a nuestro reconocimiento.

Pareciera que algunas veces tuviésemos memoria de pez. Pareciera que prefiriéramos olvidarlo para creer que aquello no existe. Gracias a lo que haya que dárselas, siempre habrá alguien que de vez en cuando nos recuerde que los que creemos buenos no lo son tanto.

Al menos que sirva ello para poner a cada cual en su lugar.

No hay nada como observar las declaraciones de nuestros políticos, las conclusiones que de ellas sacan los periodistas que hacen de voceros y las reacciones que éstas producen en una ciudadanía mediatizada, embotada en una sobredosis de información masticada y pre-digerida hasta la saciedad, para acabar sucumbiendo a la carcajada salvaje que sufre quien, sin comerlo ni beberlo, no puede más que dar gracias al cielo porque todas las administraciones sean capaces de funcionar sin problema alguno, aún con el hándicap de estar dirigidas por demostrados ineptos circenses especializados en el arte de la pose mirando a la plebe, en lugar de la propia virtud del saber administrativo necesario para, valga la redundancia, administrar el bienestar y los dineros de todos los ciudadanos.

Y es que da asco, que no risa, el ver que a una pregunta en el congreso se responda con una canción y que todo el mundo, incluido el propio presidente de dicha institución, reconozca en los pasillos entre risas y chanzas que aquello, en lugar de un insulto a tan insigne lugar, fue poco menos que una espectacular actuación del vicepresidente en el show diario de sesiones parlamentarias, digno de entrar en los anales de la historia del Congreso de los Diputados.

Hay algunos que son capaces de comparar la canción que cantó Rubalcaba, con los impresionantes discursos de Azaña y demás contemporáneos de la época. Ya ven, yo por mucho que lo intento no logro encontrar el más mínimo parecido entre aquellas intervenciones parlamentarias y la que se produjo el otro día en el Congreso.

Pero lo peor no es eso, sino que el partido de la oposición, principal víctima de la chanza en este país a cuenta de la dichosa cancioncilla, no ha tenido mejor idea que contestar a la burla con una burda copia musical a cuenta de los ERE’s andaluces y las quetchup de antaño.

Hay que ver con qué poco nos entretienen los políticos y lo sencillo que es para ellos hacernos olvidar las cosas importantes que nos deberían ocupar, para sustituirlas por risas, insultos y cortinas de humo, cuya única finalidad es la de mantenernos enfrascados en banales y tangenciales debates que nada de nada aportan al bien común y que de verdad sí necesita nuestra puto país y los pobres ciudadanos, que se ahogan encerrados en sus casas, sin poder irse a ganarse el jornal con el que sentirse realizados.

Es muy sencillo hacer bandera de una opinión, enarbolarla como parte fundamental de nuestra forma de ver el mundo y añadirla a nuestra exquisita lista de convicciones profundas que forman parte irrenunciable de la propia personalidad, para años más tarde, cuando las circunstancias cambian, renegar de ellas y matizarlas hasta la extenuación, con el sublime objetivo oculto de que nadie, ni siquiera ese idiota con gafas que escribe en un blog de mierda, pueda nunca decir que tú, sí tú, fuiste quien sí cambió de parecer en una cuestión que hace años sí que utilizaste electoralmente para arengar a los que votaban en tu mismo sentido.

Es sencillo, muy sencillo. Tanto que hasta ya lo vemos en muchos lugares escrito negro sobre blanco. La de chaquetas que tienen algunos y algunas guardadas en sus armarios…Y encima de víctima incomprendida. Hay que ver cómo se las gastan algunos profesionales del periodismo y la opinión.

Quería escribir unas palabras referentes a Twitter y su quinto aniversario. Lo quería hacer del modo que se suelen hacer estas cosas, alagando a la herramienta por encima de los usuarios que le dan uso. Magnificando sus parabienes y minimizando sus fallas. He intentado escribir un post falso que mis dedos se han opuesto a teclear.

Lo cierto es que cuando me hice el twitter le cogí manía. Es cierto. No comprendía cómo podía ser que alguien hubiese decidido publicitar una herramienta que invitaba descaradamente a acortar las palabras para que las frases cupiesen entre los ciento cuarenta caracteres que la limitaban. Más cuando la blogosfera se llenaba a diario de hoygans que incluso escribían sus posts en formato SMS.  No me gustaba e incluso recuerdo haber escrito algún que otro post poniéndola a caer de un burro. Ya ven la visión de futuro que me gasto. Todo un adelantado a mi época.

El caso es que me he dicho, “como parabienes el twitter tendrá a punta porrillo estos días, pues lo pondremos a parir de nuevo para no perder la costumbre”. Y entonces he recordado que ahora el twitter es famoso. Que todos hablan de él y que hasta en algunos lugares vociferan que si esto o lo otro es TT para argumentar que algo se ha convertido en un debate vivo en el cibermundo. Me parto cada vez que esto ocurre.

Se hacen rankings de seguidores y se toma por gilipollas a personajes famosos que simplemente dijeron algo que podría haber dicho cualquiera, son personas normales y corrientes no lo olvidemos, pero que cometieron el error de twitearlo sin consultarlo antes con sus asesores de imagen. Chorradas que puestas a tiro de algún que otro iluminado son sacadas de contexto o exageradas hasta el hartazgo y utilizadas para agredir a quien únicamente cometió el pecado de ser conocido por muchos.

Twitter se ha convertido en una herramienta de comunicación fantástica, que ahora parece que se utiliza para derrocar dictadores, convocar manifestaciones, o ejercer de micrófono popular de lo que ocurre alrededor del mundo, que al final siempre acaba siendo utilizada para decir que se está esperando un avión en la T4, que se va a comer uno a no se sabe que bar superguay, para dar los buenos días o en su caso despedirse por la noche, y en el peor de los casos para ejercitar el anquilosado y siempre efectivo copia-pega de refranes y frases ocurrentes salidas del, siempre dispuesto a sacarnos del apuro, Google.

En fin, que más que nada quería decir que hoy o ayer, no estoy seguro, cumple años una simple herramienta. Solo eso. Y no le den más vueltas señores. Twitter no es el logro, sino nosotros, que somos quienes le damos forma, quienes lo dotamos de la relevancia que tiene, quienes con nuestras frases construimos la conversación que bajo él se desarrolla. Lo demás, y no se me indignen, son chorradas y pajas mentales escritas a vuela pluma que poco o nada aportan a la conversación.

He decidido ponerle este título al post en contestación a una de las más que habituales formas de desinformación que existen en la blogosfera; utilizar los títulos de los artículos para la exposición parcial de los hechos y así apoderarse de toda la razón posible frente a los argumentos de los contrarios. En esta ocasión quien ha titulado su post de forma parecida pero cambiando Irak por Libia, es Rosa María Artal.

Ella ha titulado a conciencia su artículo para dejar meridianamente claro que, quienes ahora se oponen a participar en guerra alguna contra Libia, lo hacen con la intención de negar cualquier evidencia de masacre alguna contra ningún pueblo y para defender una dictadura que extermina a sangre y fuego a su ciudadanía.

Dos motivos que según María son los que expondrían los que hoy son pacifistas y ayer, entendiendo por ayer la época de la guerra de Irak, asquerosos asesinos terroristas que vivían con el ansia de apoderarse del petróleo de un pobre pueblo que sólo intentó plantarle cara al todopoderoso EEUU.

Además ha decidido adornarlo con un vídeo que se supone debería hacer que entendiéramos todos lo defendido por los ahora partidarios de la guerra con Libia; que hay una masacre perpetrada por Gadafi contra su propio pueblo.

Entiendo Rosa que si así pretendes hacer cambiar de posición a quienes hoy se sitúan frente a ti en la defensa de esta guerra, deberás hacer lo consecuente cuando veas el vídeo que nos demostraría que Sadam en su tiempo también masacró con gas a su pueblo, el Kurdo concretamente y que por tanto estarías dispuesta a cambiar de posición respecto al “no a la guerra” de Irak.

Claro, que también comprendo que para quienes como tú se sumaron al pegadizo eslogan del “no a la guerra”, al abrigo del jolgorio que significaba su utilización con fines puramente electoralistas, la simple comparación de las dos guerras será hiriente y nos saldrás con un casi insultante “la ONU nunca aprobó aquella guerra”.

Yo estoy a favor de la guerra en Libia. Siempre dije que estaba a favor de cualquiera cuyo objetivo, por secundario que éste fuera, se tradujera en el exterminio de un dictador. Y recuerda que los dos fueron dictadores amiga mía. Los dos, Sadam y Gadafi. Los dos tenían petróleo. Los dos masacraron a su pueblo. Pero sobre todo, los dos merecían morir por lo que hicieron.

Yo estoy en la misma posición que hace ocho años. Algunos, por lo que parece, han decidido virar su veleta particular para poderse mantener al lado de quienes sí dan vuelcos terroríficos en sus posturas oficiales. Ya lo dijo nuestro presidente hace unos días respecto a los temas nucleares; “gobernar no es lo mismo que estar en la oposición”. Y ello conlleva una carga más de responsabilidad; los eslóganes no son suficientes, además hay que ejecutar decisiones.

¿Podrá la gente como tú ser consecuente con lo que dice y actuar de forma que lo que hoy vale para justificar nuestras decisiones valga mañana para quienes las tomen sin nuestro consentimiento?

Así de claro y conciso podríamos resumir el artículo con el que se destapa hoy El País de manos de Álvaro de Cózar, enviado especial del periódico a Libia, y que pretende subliminalmente comenzar a crear el escudo de protección que aplaque las próximas acusaciones de asesinatos de civiles que muy probablemente comenzarán a recibir los partidarios del “si a la guerra” en pocos días.

De otro lado, creo que la crítica a esta guerra iniciada por el pacifista Jose Luis y el Nobel de la Paz Obama, deben entenderse desde la ironía hecha pensamiento de quienes como yo, hace ya algunos años, defendimos el uso de la fuerza en caso de que un pueblo sufriera a manos de sus dictadores. Sin necesidades de consensos falsos en ONU’s y demás. Sin medias tintas. Sin pajas mentales, que en días como hoy, dejan en evidencia a quienes simplemente defienden eslóganes y no convicciones morales reales. Sin chorradas que sólo matizan las necedades que nos caracterizan.

Lo mismo que sufrieron los Iraquíes es lo que padecen hoy los Libios. Lo dije ayer. Un mismo tipo de dictador. Un mismo pueblo masacrado. Una sola diferencia entre los dos; la posición de un presidente titiritero, que con su sonrisa, embauca a cuanto predispuesto partidario de su sino se le pone a tiro.

No señores del “sialaguerra”. Ni tuvieron razón en aquel entonces para oponerse a la guerra, ni la tienen ahora al ampararse en una resolución de la ONU en la que sólo han participado quince países de un total de ciento noventa y dos.

Lo complicado es discriminar entre muertos en la guerra como escudos humanos partidarios del régimen y escudos que lo son porque se les obliga a serlo. Ya me dirán ustedes cómo diferenciar entre ellos para poder saber cuales achacar a la coalición del Nobel de la paz y la alianza de civilizaciones.

L’Aquila. Italia. 2009. El italiano Silvio Berlusconi, el francés Nicolás Sarkozy, el ruso Dimitri Medvedev, el estadounidense Barack Obama, el secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon, y el libio Muamar el Gadafi.

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¿Qué es lo que ha ocurrido para que en dos años se haya pasado de las fotos y abrazos a los misiles y los bombardeos? Nada, simplemente la búsqueda de su preciado petróleo. Como decían en Irak, lo de devolverles la libertad a los Libios son simples pajas mentales de quienes no saben pensar por sí mismos.

Y es que cada presidente tiene su propia guerra particular. Y Zapatero no iba a ser menos ¿verdad?

España ha decidido entrar en guerra con un país, que hasta hace unas semanas, era una dictadura coraza que protegía a los países occidentales de la peligrosa expansión islamista y que de paso facilitaba el abastecimiento de las materias primas necesarias para hacer funcionar el motor de su economía.

Pero no se equivoquen ustedes, en el comienzo de éste párrafo no estaba hablando de Libia, sino más bien de Irak. Un país árabe, comprometido con la causa occidental de mantención de la seguridad en el suministro de su oro negro y parapeto donde los haya ante la avalancha islamista. Un país dominado por un déspota que masacra a su pueblo y con lazos comerciales con multitud de países occidentales, que hacen la vista gorda en lo que respecta a los atropellos que comete contra su pueblo, a cambio de uno o dos contratos de preferencia energética.

Lo curioso de todo esto es que ahora quienes emprenden la guerra no son los de la derecha rancia y guerra-civilista de antes, sino más bien la izquierda que se erigió por aquel entonces en la portadora de la bandera del pacifismo más recalcitrante y esloganiano que jamás se plasmó sobre pancarta alguna.

Como diría el converso que en aquellos lejanos tiempos decidió dejar el Islam para besar la cruz y de esa forma salvar la vida; “Hay que ver cuantas vueltas da el mundo y en qué pocas uno es capaz de acertar para no salir trasquilado”.

Hoy recuerdo muy bien cómo se desarrolló todo lo que rodeaba a la guerra de Aznar y me acuerdo del porqué un país como Francia se negaba a participar en guerra alguna contra el dictador; tenía un contrato de preferencia respecto al petróleo que beneficiaba a su petrolera insignia TOTAL. Alemania posicionó su decisión al abrazo de una izquierda anti-americana que vio en el eje Franco-Alemán la correa de trasmisión perfecta para hacer factible su más que necesaria expansión económica. No olvidemos que en aquel entonces aún había media Alemania que dependía de la otra media gracias a los beneficios del comunismo.

Yo quisiera creer, que no lo hago, que los principios que nos hacían dudar de los beneficios de una guerra serían los mismos para ésta. Pero parece que eso no ocurre. Lo único que hace que una guerra sea buena y la otra mala es la posición de la izquierda.

Al parecer cuando es la izquierda quien entra en guerra, las muertes civiles son menos muertes. Las explosiones son menores cuando las provocan misiles con pintura roja en la espoleta. El petróleo es menos petróleo. La avaricia menos avaricia. La falsedad menos falsedad.

Hoy he decidido estar en contra de la guerra de Libia.

Llámenme loco, insensato o gilipollas, pero recuerden que fueron ustedes, los del “No a la guerra” quienes me enseñaron por aquel entonces que los pueblos debían de liberarse de sus dictadores por sus propios medios. Que quienes invaden países con petróleo, aunque lo hagan con la escusa de que pretenden liberarlo de las garras de un cruel dictador, lo hacen con el único propósito de hacerse con el oro negro que habita entre sus entrañas. Que no hay guerra buena. Que todas las que se cobijan bajo esos supuestos son guerras preventivas. Que los gobiernos que las amparan están condenados a claudicar bajo el yugo de la culpabilidad eterna de las muertes de civiles. Que ninguna democracia que se precie de serlo debe nunca amparar guerra alguna. Que el pacifismo es la sangre que debe correr impoluta por las venas de la civilización.

Pero claro, para algunos estas cosas tan solo son válidas dependiendo de quien inicie las guerras. Eso sí, ustedes que celebran con tanto júbilo la llegada de los aviones para bombardear Libia, recuerden que de ahora en adelante serán responsables de cada muerte de civil que se produzca, de cada casa que se derrumbe, de cada bomba que caiga, de cada escaramuza que se produzca, de cada atentado suicida que se perpetre. Pero sobre todo, comiencen a hacerse a la idea de ser tildados de terroristas hasta el fin de sus días.

Curiosamente entre yo, terrorista de Irak y ustedes, terroristas de Libia, no hay más que una sutil diferencia, yo comprendo que lo soy. Ustedes tardarán en hacerlo y posiblemente su necedad se lo impida de por vida.

En el día en que yo mismo me preguntaba cómo demonios era posible que un engendro como servidor de ustedes tuviese empleo mientras una hermosa flor de loto, con una licenciatura química bajo el brazo, se veía obligada a conformarse con limpiar escaleras, cae a mis manos por medio de los periódicos que la ONU ha decidido resolver sobre el conflicto Libio.

Lo curioso no es que el mundo no se hiciera eco de mi reflexión matutina, engendrada al abrigo de las cuatro chapas de metal que dan forma a la cabina del camión y que me cobijaban mientras me desperezaba, al albur un amanecer sin nubes, en una pequeña ciudad como Fuendejalón, sino que tras producirse la mentada resolución, el apocalipsis Japonés y la seguridad nuclear del mundo mundial pasaran indefectiblemente a un descarado segundo plano borrando del mapa crisis nucleares y muertes de civiles a causa del mayor desastre natural de los últimos años.

Por ser aquello una chorrada y debido además a la evidente falta de capacidad de influencia de quien parió semejante reflexión, yo mismo, se podría comprender que lo que yo dijese no tuviese repercusión alguna en bolsas o tertulias de radio. Pero de ahí a observar tal capacidad de abstracción del sufrimiento ajeno en quienes después de hartan de proclamar lo duro que es para algunos de ellos cubrir semejantes catástrofes hay un trecho bien largo.

Eso sí, tampoco deberíamos poner el grito en el cielo tan pronto. Si no recuerdo mal, hasta el pasado Viernes la noticia era Libia. Y el mismo Viernes noche Libia pasó de ser presente y futuro próximo inmediato, a convertirse en una noticia cargante para casi todos, que convenía olvidar para dejar espacio en el córtex cerebral de la plebe en el que poder grabar pánicos apocalípticos manifestados en terremotos y tsunamis y más tarde amaneceres nucleares mundiales capaces de poner en tela de juicio hasta los reactores plantados a más de 800 metros de altura.

En cinco días hemos pasado de la rabia contra el dictador que ayer dijo que iba a entrar en no se qué ciudad como Franco en Madrid, al nudo en la garganta provocado por la lástima hacia un pueblo al que el mundo bajo sus pies se le movió cuatro metros hacia un lado y una ola de diez metros les barrió de la costa, al pánico e incluso al olvido de los propios Japoneses que sufrieron el quinto terremoto más grande de la historia y que sustituimos por una hecatombe nuclear que aún no ha llegado a materializarse y que hoy repentinamente hemos vuelto a olvidar, para desgracia del Coronel Libio poseído por un tal Franco, que soñó de nuevo con volver a la vida para manifestarse ahora en la haima que en su anterior vida siempre odió.

Por muy informados que nos creamos siempre acabamos sucumbiendo a los designios de la veleta mediática de quienes acabamos rehuyendo para creernos más libres. Por ello lo curioso de esta semana no es que todo ello ocurra, sino que mañana sepamos a ciencia cierta que todo volverá a ocurrir en sus mismos términos y ninguno de nosotros será capaz de revolverse en contra de la dirección del rebaño de ovejas en que todos nos hemos convertido.

Cierto, no podemos estar a todas, pero al menos creo que deberíamos resistirnos con un poco más de ahínco a la querencia de la moviola de noticias que viaja en tren bala y que a todos sin piedad nos arrolla a su paso.

...sorprendente que haya merluzos como yo con trabajo y licenciadas químicas que se tengan que contentar limpiando escaleras...

Dixit yo mismo recién levantado esta mañana en el twitter...

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Ideología

Ya saben ustedes que quienes habitamos a diario entre las cuatro chapas mal soldadas de una cabina de camión, tenemos como cordial compañera de viaje a una susurradora profesional que nos encandila al hilo de su voz y nos atrapa al abrigo de sus ondas sonoras. Esa compañera no es otra la que siempre útil y jovencísima radio.

El caso es que el otro día, escuchando un programa de radio, me sorprendí al no sorprenderme por los resultados de una pequeña encuesta que éstos habían subido a la web de su programa. Quede claro primero que todo ese dato, son resultados salidos de una web. Ya saben, se nos supone a los cibernautas más informados, menos teledirigidos por soflamas, más imparciales a la hora de valorar la información que nos dan…

Bien, el resultado era el siguiente:

…para un 70% de los participantes en dicha encuesta el ser partidarios o no de la energía nuclear era´una cuestión básicamente ideológica…

Pues bien, les voy a decir una cosa, esa encuesta me da mucho miedo.

Se supone que la ideología es una forma de entender el mundo. Son las religiones del presente. Esas que sustituyen a las arcaicas creencias en seres omnipotentes, que un día para divertirse decidieron crear el mundo y dedicarse a putear a aquellos bichitos que nacieron en él y que conocemos bajo el apelativo de “humanos”.

Ideología es tener una visión de la economía mundial, que no particular, en la que hay múltiples posibilidades pero que se resumen en dos muy claramente diferenciadas; aquella que exalta el poder del mercado libre y la que defiende un pequeño margen de poder depositado en los gobiernos elegidos democráticamente.

Se podría decir que quienes se ven claramente en uno u otro lado son los talibanes de la política. Evidentemente, quienes se quedan nadando entre dos aguas y unas veces comulgan con unas y otras con las contrarias, somos el resto de los mortales. Se supone que teóricamente los segundos somos mayoría. Solo teóricamente. A decir verdad y fijándonos en los resultados de la encuesta que les dije al principio, los segundos son minoría.

Resulta curioso observar cómo de ignorante puede llegar a ser la ciudadanía cuando, al creerse sumamente informada, se atreve a aseverar chorradas como esa de que la aceptación o no de la tecnología nuclear se basa eminentemente en cuestiones ideológicas.

Esa afirmación es un síntoma tal de necedad, deja tan mal a quienes contestaron el cuestionario, da fe de una incultez tan exacerbada, que más que miedo a las centrales nucleares, servidor de ustedes lo que tiene es pavor a que semejante tontería se pueda llegar a contagiar por el aire.

Señores que contestaron la encuesta de Onda cero al medio día; les tengo que decir que para ser personas que se creen informadas y que utilizan la tecnología para contestar encuestas que tienen una direccionalidad claramente marcada de inicio, son ustedes unos enormes y desbocados paletos de poca monta.

El estar o no a favor de las nucleares no es cuestión de ideología, sino de ciencia. Hay cosas en las que las ideologías, al igual que las creencias religiosas sobran y una de ellas es la ciencia.

Hay que ver cuanto memo anda suelto por el internete…

Ayer ya me aventuré a escribir al respecto de las reacciones de algunos en relación con la crisis nuclear de Japón y en concreto la central de Fukushima. Hoy decenas de posts, artículos, documentales de telediarios y sermones diarios radiofónicos ponen el acento (que en realidad es tilde) en dicho foco informativo y arremeten sin piedad contra los que como yo somos partidarios de la energía nuclear.

La única razón para que estas personas sean reacias a dicha energía, es la misma por la que servidor apoyaría el cese de su promoción; la radiactividad. Dicho esto, lo que a estos señores les falla es algo tan simple como la inclusión en sus argumentos de una alternativa válida a dicha energía. Tan sencillo como eso.

Las personas que son persuadidas por los cantos de sirena que generan los talibanes ecologistas cada vez que abren la boca, cometen el error de no plantearse la hipótesis de qué pasaría el día después si todas las naciones del mundo decidieran al momento hacer caso de sus consejos.

Petróleo.

Para los ecologistas el petróleo es un mal que tiene sujeto por los huevos al mundo civilizado. Es contaminante. Su utilización contribuye al calentamiento global. Su extracción provoca la destrucción de la biodiversidad. Según los organizadores del Encuentro Social Alternativo al Petróleo

nos quieren presentar al lobby petrolero como un colectivo que sueña y es humano. Mientras que en los últimos años el petróleo ha tenido un papel protagonista en guerras, agresiones contra los pueblos, desastres ecológicos y está en la base de un modelo de consumo irresponsable e insostenible

Carbón.

Corre la misma suerte que el petróleo, al que se culpa de ser el causante del efecto invernadero que sufrimos en nuestro planeta. Según Dan Jaffe es el contaminante más sucio.

El carbón, barato y abundante, se ha convertido en el combustible preferido en buena parte del mundo, y ha propulsado el auge económico en China e India, que ha sacado de la pobreza a millones de personas. La demanda mundial se incrementaría aproximadamente en 60% hacia el 2030, a unos 6.900 millones de toneladas al año, y buena parte del combustible se dirige a plantas generadoras de electricidad.

Gas Natural.

Nos relata Daniel Pérez Pérez en un post en Internatura.org, cómo el proceso de la creación de energía a partir del Gas Natural trae consigo un alarmante  escape incontrolado de gas metano cuyo efecto invernadero es incluso superior al que provocan el petróleo y el carbón…

El gas natural contamina de muchas maneras,una de las maneras mas graves son los escapes de metano,cuyo efecto invernadero es superior al dióxido de carbono, en varias decenas de veces. Hay escapes de metano por toda la infraestructura del gas natural, desde la plataformas petrolíferas, buques metaneros, gasoductos, redes de la ciudad, almacenamientos subterráneos,.... Estos escapes son gravísimos baste decir que en la mayoría de los grandes gasoductos la mitad se pierde en el camino, que en las redes de la ciudad se pierde entre el 10 y el 15 por ciento....y un largo etc......Los escapes son tan graves que posiblemente se acerquen a las emisiones de metano de la biosfera dentro del ciclo del metano.

Energía nuclear.

Bueno sobre esto no hace falta exponer nada. Es radiactiva, insegura en malas manos y susceptible de convertirse en una trampa mortal para quienes viven a su vera. Según FACUA

Su empleo supone un riesgo por la radiación artificial que produce, presente en todo su ciclo de producción (extracción, transporte…), pues no se puede olvidar que estas emisiones son un peligro para el hombre y que tiene como consecuencia la mutación en los seres vivos si sobrepasa los niveles que en la actualidad se consideran aceptables. Contaminante: la extracción y transporte del uranio para generar electricidad en las centrales nucleares, así como las obras necesarias para la construcción y posterior desmantelamiento de las mismas, emiten CO2 a la atmósfera. El transporte de los materiales y residuos se realiza por mar, tierra y aire, empleando como combustible el petróleo, combustible contaminante. Por otro lado existe riesgo de accidente nuclear, que puede producir consecuencias irreparables para los humanos y la naturaleza como en el caso de Chernóbil, y eso pese a que las centrales cuentan normalmente con tres elementos de protección radiológico (varilla de combustible, reactor y estructura de hormigón). Los residuos, aunque ocupan poco espacio, son altamente radiactivos y tardan cientos o miles de años (dependiendo del tipo de actividad) en perder su radiactividad, además de suponer un almacenamiento costoso. Riesgo de contaminación radiactiva no sólo por accidente sino también por sabotaje. Riesgo de que algunos países realicen un mal uso de la energía nuclear y la empleen para fabricar armas nucleares. La energía nuclear no es una solución definitiva, sólo temporal, por eso es imprescindible apostar por otras alternativas. El uranio, pese a no fluctuar tanto como el petróleo, es un recurso agotable, no renovable, por ello es recomendable buscar alternativas provenientes de recursos naturales como el sol. Pueden ser un objetivo estratégico ante guerras y atentados terroristas, con los riesgos que ello conlleva. Costosa; algunos indican que es una energía económica, pero en sus cálculos de gastos no incluyen el desmontaje de las centrales ni la gestión de los residuos. Los fenómenos naturales (terremotos…) pueden provocar accidentes en las centrales nucleares. El precio del uranio no está exento de fluctuaciones.

Y ahora viene el problema que tampoco los ecologistas saben solucionar; si no utilizamos petróleo, gas, carbón o energía nuclear para generar la electricidad que necesitamos para nuestro día a día..¿Cómo hacemos para no tener que volver a las cavernas a pintar escenas de caza como las que se encuentran en las cuevas de Altamira?

Las energías limpias son hoy por hoy caras, poco productivas y de lejos escasamente eficaces para satisfacer las actuales necesidades energéticas del mundo tal y como lo conocemos en estos momentos. La oposición sistemática al resto de energías sin haber conseguido antes los adelantos tecnológicos necesarios para hacerlas suficientes, es ni más ni menos que provocar el encarecimiento de la energía hasta cotas desorbitadas.

No es suficiente con decir “no”. Además hay que aportar soluciones que ayuden a la sociedad a no depender de energías que todos sabemos que son perjudiciales para el medio ambiente. No niego eso ni de lejos y se que en algún momento habrá que replantearse muchas cosas. Pero quiero dejar claro en este post que no comparto ni compartiré nunca los “no a tal energía” por el simple echo de que ésta sea contaminante.

Hacerlo de ese modo es bañarse en demagogia. Sentenciar tan a la ligera sobre la forma de producción de la energía que la civilización necesita para mantenerse en ese estado, el de civilización, no es más que pretender erigirse en juez y parte que decida sobre quienes tendrán derecho a tener luz según el dinero que tengan para pagarla.

Si no lo creen miren los costes de la creación de la energía por bases primarias y deduzcan quienes podrían acceder a la misma, si de golpe y porrazo, todas las centrales nucleares, los pozos petrolíferos y las centrales de gas natural cerraran la mismo tiempo.

Es curioso que la ciudadanía caiga siempre en la trampa de creerse a pies juntillas lo que algunos iluminados dicen cuando, para poner negro sobre blanco lo que ellos creen que es bueno o malo, califican todo aquello que les es contrario adjetivándolo o integrándolo en un colectivo del que nunca antes se supo hasta ellos lo bautizaron.

Con la crisis llegaron los neocón. Junto a ellos estaban los listillos del ladrillo. Sí esos que se compraban pisos para revenderlos al instante por tres o cuatro millones más. Los mismos que hoy lloran porque están en la calle. Esos que se creyeron los reyes del mambo cuando comenzaron a especular con los préstamos hipotecarios a precios de saldo que les daban los bancos. Los mismos que hoy los demonizan porque los culpan de todo. Esos que a la pregunta que rezaba “cómo iban a pagar una hipoteca de cincuenta millones”, respondían airados con un “el banco nos lo da”. Los mismos que ahora acusan a los mercados de la crisis. Esos que contribuyeron junto con las inmobiliarias a la creación de la burbuja. Los mismos que creyeron que sus pisos seguirían aumentando siempre de valor. Esos que hoy se empeñan en denominarse obreros. Los que ayer se creían jeques del petróleo hecho ladrillo. Los mileuristas.

Después llegaron los mercados. Mientras los mercados facilitaron la devaluación de la moneda la cosa estuvo bien. Cuando éstos decidieron que era hora de recoger ganancias, los mercados, que hasta ese momento eran llamados “inversores”, pasaron a llamarse “especuladores”. Fue curioso el cambio de perspectiva con respecto a los que siempre tuvieron la sartén por el mango, pero más curioso fue el ir y venir de nuestros políticos, una parte de ellos especialmente, cuando según como les venían dadas los llamaban de una u otra forma.

El perverso mercado tenía siempre la misma y natural predisposición a ganar dinero. Y por ello, cuando les incomodaba la presencia de éstos se los llamaba mercados de la especulación y cuando éstos actuaban en la dirección que a ellos les convenía pasaban a ser mercados de inversores. Olvidaban que ellos siempre estaban en el mismo punto y que éramos nosotros, los ciudadanos de a pie, los que nos veíamos sometidos a los vaivenes de las fluctuaciones de la economía. No eran ellos los culpables, sino los que nosotros nombramos para administrar nuestros dineros. Pero eso tampoco lo veíamos. Así de necios éramos.

Y con ello llegaron los bancos y sus grifos cerrados. Abusones, insolidarios, mordazas de la economía que negaban la subsistencia de pymes y autónomos. Primero los criticamos por dar el dinero a la ligera y cuando nos hicieron caso los demonizamos por no dárselo más que a quienes teniendo dos mil pedían cincuenta. Y ellos nos miraron atónitos al tiempo que sanearon sus cuentan con fondos de papá estado.

La primera vez el mal tenía un nombre; neocóns. Fueron los causantes de las crisis y las hipotecas subprime. Después llegaron los mercados y sus peculiares cambios de chaquetas patrocinados por nuestros políticos de la izquierda. Unas veces inversores y otras especuladores, siempre tuvieron en mente ganar dinero. Y tras ellos los bancos y su no saber cómo contentar a la ciudadanía. Si dan dinero malo porque lo dan demasiado fácil. Si no lo dan peor porque se convierten en culpables de la quiebra de empresas.

Y ahora ha llegado un nuevo frente de batalla que muchos ya se han apresurado a bautizar. Se los llama Lobby Nuclear y con el desastre de Fukushima ya se han ganado a un poderoso enemigo, el lobby de quienes buscan siempre en los demás a los culpables de la mala gestión propias.

Ese lobby tiene multitud de caras. La mayoría son simples que un día se sacaron la carrera de periodistas y se pusieron a comer de plato del perro de quienes ostentaban el poder en ese momento. Y en ello les cogieron cariño y decidieron hacer propias las prebendas del político de turno para atacar a los que sin ser sus enemigos defendían las contrarias. Esos que hoy se dicen periodistas y que no son más que voceros de un partido muerto en vida.

Lobbies. Hay tantos en este mundo. Pero ninguno tan venenoso como el que nunca se cansa de bautizar a los nuevos enemigos contra los que la ciudadanía imbecilizada debe hacer frente a capricho suyo; el de los sectarios de cualquier opción política.

Me sorprende sobremanera esa empecinada obsesión por reinventar los espacios de los artículos en los editores de blogs, que terminan en la ignominia que provoca la indolencia a la hora de ignorar según qué campos de los mentados editores y dejan tanto los artículos como sus hijos convertidos en feeds, en simples pinceladas huérfanas de algo tan elemental como lo es el simple nombre por el que se los conoce.

Si alguno de los que decide publicar en su blog sin utilizar el campo del “Título” justo para eso para lo que fue creado; nombrar el artículo, tuviese la necesidad alguna vez en su vida de enlazar su verborrea hecha letra en otro lugar, se vería en la encrucijada mental de llamarse a si mismo palurdo.

Hay muchos casos de memez bloguera en este mundillo. Muchos de ellos son periodistas profesionales que no tienen ni puta idea de lo que es un blog, pero que sin embargo escriben en uno. Muestra de ello es el incorruptible Santi González.

Señores que no entienden que hay que titular los posts. Si pone “Título” encuadrado en un pequeño rectángulo justo encima de donde suelen escribir sus parrafadas, significa que es ahí y no en otro lugar donde hay que ponerle el nombre al artículo. No en la zona del post. No en los tags.

Tan sencillo como leer además de escribir…

Las autoridades internacionales han sucumbido de nuevo a los miedos que esclavizan estados con tal de mantener la estabilidad en el verdadero motor de la economía mundial; los mercados.

Hace ya casi un mes del comienzo de las revueltas en Libia y nuestros mandamases siguen erre que erre en su fútil debate que pretende dirimir entre intervenir o no en el conflicto. Mientras tanto, los Libios mueren a manos del “fuego amigo” del líder que decidió vivir en el desierto en una carpa de circo, en lugar de en la suntuosidad de un palacio de la capital, mientras era protegido por una guardia personal compuesta por cien vírgenes.

Mueren a manos de las armas que nosotros le vendimos. Sucumben al desánimo que les produce la inoperancia de la “real politique” de la que hacen gala nuestros señores. Se ahogan entre gritos de desesperanza mientras ven cómo pierden terreno a marchas forzadas frente a un rival pertrechado hasta las cejas y que no duda un instante en pasar a cuchillo a cuanto opositor se cruza por el camino.

Finalmente no hará falta que se consuma la predicción que hice hace unos días y que prevenía sobre una supuesta victoria del Islamismo radical. Gadafi pasará a sangre y fuego a su pueblo mientras los políticos del mundo se quedan tal y como quedaron retratados hace tantos años en los Balcanes.

Incapaces. Inútiles. Desgraciados que pierden la fuerza por la boca. Ridículos vendedores de humo que cada cuatro años nos vuelvan a engañar con sus eslóganes. Simples.

Es curioso señores que leyendo el blog de Gregorio se tenga uno que sorprender por algo que creía era la forma habitual de batallar unas elecciones y comprenda que es que al final lo que veía en su comunidad autónoma no era más que la rastrera deformación de la fiesta nacional de la democracia.

Se hace cruces Gregorio de que en Sevilla se haya pasado de los debates sobre las diferentes propuestas, al simple encendido de ventiladores de la marca ERE Fraudulento que esparcen mierda por doquier y que diluyen hasta la volatilización cualquier tipo de debate constructivo que verse alrededor de las distintas propuestas que los partidos propongan a la ciudadanía.

Si me dejaran le diría a Gregorio que no tiene que sorprenderse tanto por aquello que ocurre en su ciudad. Aquí en Valencia vivimos acostumbrados a estos temblores políticos y sabemos lo difícil que les resulta a los partidos soltar la presa de la posible corrupción. Más cuando a corto plazo hay elecciones.

Claro que serían mejores unas elecciones que se nutrieran de debates de ideas y propuestas encaminadas a mejorar la vida de las hormiguitas obreras que deambulan a diario por las ciudades de esta piel de toro. Pero es que si eso sucediera ellos no estarían colocados como el tercero de los problemas de los Españoles. Y te recuerdo que incluso llegaron a estar los primeros…

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Falsa quietud

No hay nada como despertarse por un aterrador grito en mitad de la noche para caer en la palmaria cuenta de que no vivimos en esa quietud que damos siempre por hecha. Visto en perspectiva, vivimos todos en una especie de fantasiosa burbuja, que nos hace creer que andamos por el mundo protegidos por una especie de karma invisible que nos evitará por siempre cualquier tipo de percance.

Y en eso, cuando uno menos se lo espera, el mundo bajo sus pies se viene abajo, los edificios le escupen escombros sobre la cabeza y las olas del mar se vuelven inmensas paredes de agua que arrasan con todo cuanto se encuentran a su paso. La Tierra estornuda y nuestra particular burbuja se rompe, dejándonos a merced de cuantos peligros conviven en nuestra atareada vida de hormiguitas obreras.

No ha hecho falta más que dos trozos de tierra se rocen para que la rutinaria vida de millones de seres humanos se torne en esperpento, pavor y caos. Un roce y quien esta mañana pretendía comprarse un coche, se ha quedado a mitad de camino del concesionario obstaculizado por una calzada partida en dos, que a modo de Oráculo que todo lo sabe, ha frenado su despreocupado transitar por la ciudad abriéndole los ojos a la realidad en la que vive.

Y como ese millones de ejemplos. Como decía antes, visto en perspectiva nuestro mundo al modo de Google Maps y alejando la vista al máximo posible, comprendemos cuan frágiles e insignificantes somos. Es cierto, eso se suele decir muchas veces en los velatorios, pero no me negarán que hoy viendo la tele no han pensado eso mismo.

Lo malo es que aún viendo que es posible que en un segundo todo se vaya a la mierda, continuamos pensando que a nosotros nunca nos pasará nada. Así es la vida. No es suficiente con saber que la quietud en que vivimos es tan frágil, además hay que perderla para aprender a valorarla…

Es curioso que el gobierno se afane tanto en promulgar medidas anti-crisis que al final poco o nada aportan a la generación de empleo. Medidas destinadas a restar bienestar social, recortar derechos de los trabajadores, o deambular en la cuerda floja que supone la certera posibilidad de que acaben siendo tomadas a guasa por la ciudadanía que se supone ha de votarte en las próximas elecciones.

Hacen bien, o mal según se mire, los Alcaldables y presidenciables autonómicos, en desear la neblina pasajera que supone la pasada de puntillas que los pesos pesados del partido de Jose Luis por sus respectivos mítines. Aunque claro, eso siempre deja entrever una supuesta creencia suya que dice que los votantes, en realidad, no saben a lo que votan y que más bien, en lugar de ciudadanos que disfrutan de la fiesta de la democracia, se convierten en autómatas que acuden a las urnas porque se supone que es lo que hay que hacer en esos días.

Una idea que aunque no lo crean está bastante extendida entre nuestra clase política. Idea poco correcta políticamente hablando e inconfesable, pero tan cierta como la vida misma. Sino fíjense cómo en muchas ciudades y autonomías, de izquierdas o derechas, se omite a propósito la mención de algunos líderes nacionales.

Pareciera que los políticos en su interior, o no tanto, tomaran por imbécil a la ciudadanía.

Los unos por dejarse la voz repitiendo una y mil veces lo que cualquiera ya sabe; que no se vota a Zapatero o Rajoy, sino a los Alcaldes y Presidentes autonómicos. Los otros por presuponer de antemano que los ciudadanos en nuestros pueblos vamos a castigar a quien aún siendo del partido de Jose Luis lo ha hecho estupendamente (no es el caso de Algemesí, ciudad gobernada por el partido popular).

Al final va a ser cierto que tenemos lo que nos merecemos…

Les va a parecer una gilipollez lo que les voy a contar y posiblemente lo sea, pero he de decirles que siendo como es Lunes, laboral y con la perspectiva de una semana completa de trabajo por delante, el haberlo vivido de momento sin encender la radio más que para escuchar la música que en mp3 llevaba puesta en el camión, me ha llevado a una placentera y confortable ignorancia en lo que se refería a las refriegas políticas y rollos revolucionarios en países alejadísimos culturalmente al ideario Occidental. Hasta me he divertido durante la mañana.

Y eso me hace replantearme seriamente si a los ciudadanos de a pié nos hace falta de verdad eso de tener constancia y comprender todo lo que ocurre en el mundo mundial. Tal vez, si la “real politique” se compusiera únicamente de aquellas cosas que directamente nos rozan en la vida diaria y se alejara de idealismos trasnochados enclavados en ideas políticas que han quedado obsoletas debido a la convergencia de las izquierdas y derechas mundiales en lo que a políticas económicas se refiere, el día a día de millones de personas que pasan las mañanas pegadas a la radio fuese más pasable, placentero y agradable de lo que lo son ahora.

Aunque siempre nos quedarán los canales de música. Pero claro, eso nos llevaría a una terrible ignorancia amparada por una desinformación total. Y señores, en lo que a información se refiere ni tanto ni tan poco, más bien lo justo para que sepamos que la democracia sigue existiendo. Aunque sólo sea tras los pompis de los leones del Congreso.

Puede que sea por la cantidad de veces que se menciona últimamente a las redes sociales en la televisión. Puede que por la parte que se les atribuye a las mismas, desde este lado de la civilización, en lo que a potenciadoras de las revoluciones en países árabes . Puede que porque finalmente hayamos entrado en la recta final de las campañas electorales de Mayo. Puede que por el nacimiento y difusión de un nuevo puesto laboral nacido del dospuntocerismo más puro, el de los Comunity-Managers.

El caso, no me lo negarán ustedes, es que redes sociales como Twitter, Facebook o Tuenti, han cobrado un renovado impulso que ha arrastrado con ellas a redes más profesionales como Foursquare, Linkedin y demás herramientas de contacto con denominación de origen dos punto cero.

Y con toda esta explosión efervescente, encaminada a formar parte de algo que algunos ya se han encargado de denominar “revolución silenciosa”, nos encontramos nosotros, los sencillos usuarios que habitábamos aquí desde hace unos años y que vemos, entre alborozos y fregadas de ojos, cómo lo que nosotros creímos un simple pasatiempo pasa a convertirse en una omnipotente plataforma de promoción de la marca personal que cada uno puede ser capaz de vender de sí mismo.

Lo curioso es que, habitando en una sociedad de la información como habitamos, no hayamos caído en la cuenta de que todo cuanto creamos que podemos hacer con nuestra marca personal, quedará siempre supeditado a la voluntad de las marcas que sí ponen dinero a la hora de integrarse en las redes sociales a las que tanto cariño parece que les tenemos.

Desde hace unos meses empresas, organizaciones, periodistas, políticos, empresarios, todo bicho viviente con conexión a internet, ha creado sus particulares perfiles para aparecer en la nube. No es malo eso si se administra bien. Pero lo que ha ocurrido es que quienes se creían capaces de discernir entre el bien y el mal, esos que decían formar parte de una revolución cuyo principal objetivo era la conversación, los que decían que para seguir a alguien era necesario algo más que un nombre, han acabado sucumbiendo a los cantos de sirena que significaban poder hablar en el Time-Line con una celebridad de cualquier campo y lograr lo que hasta hace unos meses parecía imposible; cruzar un par de frases con ellos.

La irrupción de gente famosa en twitter, por ejemplo, ha conseguido que personas como Leire Pajín tengan cientos de seguidores en twitter sin que si quiera lo hayan estrenado. Y lo malo de ello no es que no haya abierto el pico aún para decir esta boca es mía. Lo horrendo, lo incomprensible, es que quienes la siguen ahora son los mismos que decían hace no mucho que sus opiniones no estaban comprometidas por afinidad alguna.

Ha sido tan sencillo desembarcar en este mundo dospuntocerista para famosos y empresas. Tan sencillo hacerse con el altavoz que para tantos permanece inalcanzable por la nimiedad de no ser político o presidente de cualquier organización. Tan sencillo convertirse en el tuerto que reina en el país de los ciegos…

Hace mucho tiempo, una persona muy sabia aseguraba que había veces en las que los árboles que formaban la linde del bosque, impedían que los poco dados a salir del asfalto de las ciudades, pudieran contemplar en su plenitud la foresta que los enfrentaba. En palabras mucho menos rebuscadas, lo que este buen señor quería decir, era que había que saber mirar para descubrir y observar para entender. Un árbol, dependiendo de lo cerca que se encuentre uno de él, puede convertirse sin mucho esfuerzo en un tupido velo que impida la visión y nos oculte todo el bosque que se encuentra tras él.

Una cosa parecida pero sin árboles ni bosques es lo que nos ocurre a todos con la política en éste país.

Unos se ponen a firmar manifiestos en pro de una política libre de corrupciones cuando están imputados en supuestos delitos de cohecho impropio. Ya sabrán ustedes de quien hablo. Es una foto que choca frontalmente con los intereses propios a la hora de ser reelegido. Puedes tener la confianza de la ciudadanía. Puedes estar seguro de que tus votantes te creen inocente. Pero de ahí a chulear de esa manera y ponerse al frente de la firma de un manifiesto anticorrupción cuando se está imputado y te llueven ostias por todos lados por tu proclamación como candidato…

Claro que Francisco lo tiene fácil aquí en Valencia. Él sabe que cuenta con mi voto y el de mucha otra gente que lo cree inocente de todo cuanto se le acusa. Pero además cuanta con el apoyo del partido del líder de la oposición. Justo la semana en que unos críticos Daneses han elegido la navelina (variedad de naranja) de Algemesí como la mejor del mundo, se ha destapado el susodicho partido con un cartel repleto de naranjas podridas que pretendía ser irónico y que en lugar de eso, ha enfurecido a cooperativistas y cámaras de comercio varias por la asociación de la corrupción con uno de los principales motores de la agricultura Valenciana, la naranja.

Hasta hay alguno como Socarrat que dice, para medio defender al señor Alarte, que es que esas asociaciones de agricultores tampoco son que digamos imparciales políticamente. Exactamente dice que son “redes clientelares”. Muy acertado el dardo buen amigo, pero equivocado. Son empresas, simple y llanamente empresas que buscan ganar dinero. Así de sencillo. No hace falta buscar tantas segundas intenciones. Además, recuerda lo que he dicho antes, en la misma semana dos noticias sobre naranjas; desde fuera las mejores del mundo, desde dentro podridas. Ya me dirás tú qué tipo de propaganda es esa…

Otros deciden que lo mejor es cerrar una central nuclear cuando el país que gobiernan tiene un déficit energético tal, que una mierda de revolución en un país abocado a una guerra civil con un claro ganador seguro, el Islamismo desbocado, acaba con el petróleo a poco más cien dólares. Lo peor es que tras eso se suceden ocurrencias varias en el seno de ese mismo gobierno y se acaba dilapidando todo resto de seriedad que le quedara con la inclusión de medidas difícilmente comprensibles para la mayoría como lo son el cambio de neumáticos, la reducción de la velocidad, el cambio de bombillas, el alargamiento de la vida útil de las demás centrales nucleares olvidando la antes mentada de Garoña…

Y es que es cierto que el petróleo está caro, pero es que en 2008 estuvo a 147 y a nadie se le ocurrió cambiar los límites de velocidad de las autovías señores míos. Vamos, que pareciera que tuviesen ustedes un amigo con una imprenta repleta de telas de araña escondido debajo de la mesa…

Bueno eso y los ERE`s. Es curioso que haya personas que estaban trabajando desde el mismo día de su nacimiento y que recientemente accedieran al ERE de la empresa por la que perdieron su infancia y adolescencias. También lo es que siendo Socialistas y Sindicalistas la mayoría, ninguno denunciada a las mentadas empresas por explotación infantil. Como dice Jack, alguien puso el queso al alcance de los ratoncillos.

Y después de todo, entre todo este ruido de ventiladores tronando a nuestro alrededor mientras expulsan mierda por encima de nuestras cabezas, aún se preguntan algunos el porqué del voto de la gente. Amigos míos, la gente acude a las urnas sin si siquiera saber que con su voto no se elige ni a Jose Luis ni a Mariano, sino al político de turno que se presenta por su circunscripción.

En realidad en el paraíso de los descentralizadores en que se ha convertido esta España nuestra, el presidente del gobierno, el de toda España, se sigue eligiendo en Madrid. Y es que, tanto Jose Luis como Mariano, se presentan allí y no el León o Galicia, como sería lo natural, porque necesitan asegurarse de que van a salir elegidos.

Además si los políticos quisieran que ustedes supieran cómo funciona el mundo de la política…¿no creen que aprovecharían ahora los casi cinco millones de parados para darles unas cuantas clases? Pues eso, que el árbol no les impida ver el bosque…

No hay nada como que te entrevisten en tu propia casa endulzándote los oídos a base de halagos y lamidas de orejas. Eso es justo lo que hicieron el otro día con Iñaki Gabilondo en la que fue y será por siempre su casa. Siempre es comprensible que estas cosas pasen y hasta se pueden excusar debido a ello. Iñaki siempre será un Dios para según qué personas y un demonio para otras.

Lo curioso, lo que hizo que mientras escuchaba la entrevista decidiera que necesitaba escribir sobre ella, fue la personal visión del periodismo que ha plasmado en su libro (por lo que se dice en la entrevista) y en la propia entrevista. Una forma de ver el periodismo que choca, de frente, con su forma de ejercerlo durante años.

Curioso que quien es conocido por el mítico “nos conviene la tensión”, acabe sus días de periodista acusando a sus compañeros de estar vendidos al poder. Lamentable que quien se erigió como gurú mediático del compadreo con los políticos, acuse a sus compañeros de no saber mantener la distancia con ellos y acabar absorbidos por la propia imagen de quienes deberían ser sus objetivos. Odioso que quien despertaba al personal diariamente con su sermón particular, acabe aseverando que los verdaderos protagonistas siempre fueron la gente corriente.

No hay nada como que te entreviste quien en realidad está a tus órdenes, quien es tu discípula, quien ni muerto sería capaz de morder la mano que le da de comer.

En épocas de crisis dicen que los únicos que triunfan son los que finalmente se arriesgan. Los que no saben jugar sobre seguro y deciden emprender viajes difíciles con la única certeza de saber que eso es lo que ellos creen que deben hacer.  Emprendedores, innovadores, personas con ganas de mejorar su propio negocio, ciudadanos capaces de amoldarse a las circunstancias y salir airosos de ellas.

Hoy he decidido seguir por el twitter a una mujer que me ha sorprendido por la Bio que tiene en el mismo: “Creo en las Personas que se Implican. Curiosa. Me interesa todo aquello que me ayude a crecer. Me gusta el Marketing y las Nuevas Tecnologías. ¿Me Ayudas?”. Se llama García Sánchez y lo que primero me llamó la atención de ella no fue más que los apellidos, en el mismo orden que los de un amigo.

Bien, pues tras visitar su twitter he ido directo a su blog. Ya saben que esos son los pasos normales de un servidor para saber si followea o no a alguien. Pues bien, también ahí me ha sorprendido ya que el mismo tiene por nombre “Reaprendiendo” y en el subtítulo un elocuente “Compartiendo Ideas y Conocimientos para Aprender, Desaprender, Reaprender y Adaptarnos al Cambio ...Compartimos?.

Y dirán ustedes, no creo que seguir a alguien por el simple hecho de poner dos frases curiosas en su twitter sea una decisión acertada. Pues bien, tienen ustedes razón, eso no es suficiente. El caso es que lo que ha provocado que la siguiera en el twitter y me suscribiera a su blog han sido las propias entradas que hay en él.

En concreto la que me ha llamado la atención en primer lugar ha sido aquella de la que forma parte el vídeo de este post y que enseña cómo se forja un emprendedor en época de crisis.

La carnicería la podéis visitar también en Izarzugaza-Krispín. No os perdáis el vídeo. A mi también me sorprendió la delicadeza con la que se explica este chico. Excelente!

No es normal que servidor recomiende a nadie. Eso ya lo saben ustedes. Y lo normal es que estas cosas uno se las guarde para si mismo. Pero hay veces en las uno siente esa empírica necesidad de comentar un descubrimiento que le es satisfactorio y sorprendente. Puede que en sus posts abuse en demasía de las citas y los trabajos ajenos (nunca completos y siempre claramente vinculados), pero me parece un ejemplo a seguir en esto de re-amoldarse a las nuevas tecnologías.

No es un blog espléndido. Tampoco esperen encontrar a una mega gurú de barrio. Es tan solo un blog escrito por una persona que simplemente me sorprendió por la meta que se puso en la vida y que dio nombre a su bitácora, reaprender. Y esa sinceridad y ganas siempre merecen la oportunidad de ser tenidas en cuenta ¿No creen?

Alguna que otra vez alguien en un comentario o correo me ha dicho que escribía bien, que desarrollaba muy bien los temas que trataba, o que me preparaba muy bien los posts que publicaba, ésta última en un comentario en el facebook. Lo cierto es que la preparación de los posts que realizo antes de publicarlos es directamente proporcional a la nada. Es decir, que no los preparo, sino que más bien los publico tal cual salen del teclado que diariamente aporreo con los dedos índice de cada mano.

En realidad también esto último es mentira, desde hace unos años he aprendido a utilizar, además, los otros dedos. En concreto el anular y el corazón. Incluso he conseguido escribir casi sin faltas de ortografía. El “casi” es importante en esta última frase ya que la misma, sin él, daría lugar a una afirmación fantasiosa que cualquier tocapelotas aprovecharía para lanzármela a la cara a la menor oportunidad. La realidad, esa que constantemente aporrea nuestros globos oculares, es que ni siquiera servidor sabría corregir sus posts de no ser por el santo de todos los bloguers “Santo Corrector Ortográfico”.

Durante años he leído decenas de veces que los posts se debían trabajar a conciencia. Que la mera redacción de los mismos no era suficiente, que hacía falta que tras ellos hubiese un titánico esfuerzo, que les otorgara esa aureola que concede el trabajo bien hecho. He visto siempre cómo, quienes pretendían enseñar a los demás cómo escribir sus posts, acababan enfrentando a sus alumnos a un enorme muro que difícilmente serían capaces de superar.

La realidad, la ineludible realidad, es que el único secreto que hay para que vuestros posts o artículos, como queráis llamarlos, tengan esa impronta que sólo vosotros sois capaces de imponerles, es que cuenten algo que vosotros deseáis de verdad comunicar a vuestros lectores. Y junto con ese secreto, que a todas luces es obvio e insulta a la inteligencia de cualquiera por su evidente redundancia a la hora de exponerlo, hay otro que quizás sí que sea el que determine, que una forma u otra de plasmar los pensamientos, acabe teniendo más éxito que las demás; escribir sin dar por sentado que todos saben a qué te refieres.

O dicho de otra forma, escribir el post pensando siempre en cómo reaccionará el lector cuando se enfrente a él. Contarle cómo se llega a las conclusiones, qué es lo que exactamente se piensa sin dejar lugar para ingenuas especulaciones. Escribirlo contándolo todo, para que quienes acaben leyéndolo, tengan todos los datos que necesiten para poder seguir el ritmo de martillo pilón de tus posts y no se acaben perdiendo entre redundancias, paráfrasis y metafóricas expresiones, destinadas únicamente a rellenar líneas y líneas en blanco cuyo único objetivo no es otro que el de aparentar algo de lo que se carece; una verdadera y sana verborrea.

Diez minutos treinta y cinco segundos. Esto es lo que me ha costado escribir este post. Más o menos la media habitual para los posts de este tamaño. Ni más ni menos. De mi cabeza al blog. Sin filtros. Sin falsas apariencias.  Contando simplemente lo que se piensa. Ese es mi secreto. O mejor dicho, el secreto de todos los que les sean francos.

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Escarbando por el fondo

Sesenta y ocho mil dos cientos sesenta. Esa es la cifra de nuevos parados que se ha dado a conocer hoy. Son los que han perdido su empleo este último mes. Son la realidad palpable de que continuamos en crisis. Hace muchos meses que se viene diciendo que ya hemos tocado fondo. Y cada vez que el iluminado de turno nos cuenta esa mentira perversa, más y más españoles se ven obligados a realizar el mismo viaje que estos pobres nuevos parados, el que les lleva a las oficinas del INEM.

Se supone que cuando uno toca fondo consigue tener una oportunidad de salir a flote, bien sea porque tras tocarlo no hay posibilidad de continuar bajando, ya sea por la bienvenida posibilidad de hacer pie en él y conseguir el impulso necesario para salir de nuevo a la superficie.

Pero ese “se supone” se ha tornado esquivo y fantasioso, como nuestros propios políticos y comienza a mofarse de nosotros, tanto en cuanto en lugar de tocarlo y conseguir el impulso necesario para salir del atolladero en que nos encontramos, nos arrastramos por él, e incluso me aventuraría a decir, lo escarbamos en la búsqueda de la suicida posibilidad de mantener el ritmo vertiginoso de bajada hasta la extenuación.

No se quien dijo que ahora sólo podíamos arrastrarnos por el fondo de la crisis. La realidad es que quienes mueven los hilos de la economía mundial no están obligando a escarbar en ese suelo de la crisis que se nos antojaba una mala meta. Hoy en día, podríamos decir que arrastrarnos por el fondo del agujero en que nos metimos hacer tres años no sólo sería bueno, sino que además nos tranquilizaría.

Lo malo es que siempre haya una pala al lado de un agujero, habrá posibilidades de que ese mismo agujero agrande su profundidad y circunferencia. Y si se agranda señores míos, no habrá ninguno de nosotros que se salve de la quema. Ni siquiera los que piensan que la crisis es cosa de otros.