Supongo que la última entrada de un blog para celebrar el fin año debería tener al menos la pretensión de ofrecer algo que fuere lo más parecido a la esperanza que el autor pudiere ofrecer. Una especie de oda al buenismo que reflejara un sentimiento interiorizado de confianza en un futuro próximo que rebajara en lo posible las penas que el anterior nos dejara. Y una confianza ciega en un poder político que acabara por resolver las desgracias de las que estamos rodeados. Lamentablemente por aquí nada de eso se cumple. Una pena.

Puestos a escribir un último post, creo que deberíamos hacerlo a modo de carta de los reyes magos. Ya saben, una carta en la que detalláramos a nuestros políticos unas pocas de las cosas que esperaríamos de ellos para el próximo año, si no fuera porque definitivamente han abandonado el trono de la confianza en el que los teníamos a buen recaudo, para pasar a engordar el de las preocupaciones. Pero lo que son  las cosas, uno no se siente con fuerzas de comenzar un post de esos. Sabe servidor que es una labor abocada a la pérdida de tiempo. Y por ende a la desesperanza. Otra pena.

Descartando noticias uno podría decidir escribir sobre algo que hubiere ocurrido estos días, pero pensándolo un poco, cualquier cosa que se escriba a estas horas que no tenga que ver con las felicitaciones y los propósitos para año nuevo suele quedar descolocado para quienes a estas horas aún andan perdiendo el tiempo leyendo blogs. Más pena, porque la única pena que supera a la de un lector de blogs de opinión en la tarde de noche vieja es la otro que se dedica a escribirlos. Pena al cuadrado.

Así, creo que lo mejor que puedo escribir para terminar el año es un 'feliz año nuevo' sincero, optimista y cordial. Lo demás, lo de los propósitos y las buenas nuevas, se lo dejo a ustedes. Yo por mi parte haré lo que, al fin y al cabo, creo que me hará más feliz; abrazarme a mi esposa e hijo, disfrutar con los amigos de las uvas a media noche y desear de todo corazón que, esta vez sí, lo peor haya pasado.

Pd para políticos y periodistas pancarteros claramente definidos en una posición política cualquiera: Que os follen! Lo siento, pero no me pude contener más. Será culpa de la bilis que con tanto ahínco se empeñan en hacernos beber a diario ambos dos grupos de alimañas.  Una última pena, esta vez al cubo.
Hace unos años, cuando los medios de comunicación batallaban con los blogs por aquello de fomentar el periodismo ciudadano, estaba de moda lo de borrar el rastro que pudiera haber dejado algún comentario desafortunado. Eliminarlo y acto seguido negarlo categóricamente, o en el caso de haber sido pillados 'con las bragas en la mano', distanciarse de el con un arrepentimiento formal que nos devolviera a la paz social con nuestros lectores. En aquellos años no existían los botones sociales, con sus respectivas redes y perfiles, por lo que dicho trabajo solía limitarse al borrado de un post o comentario desafortunado nacido de la bilis en un momento de lectura desenfrenada. Eso sí, uno siempre sabía que la limpieza total del rastro era una quimera, ya que aún no habiendo acudido todos los lectores al blog antes del borrado, la entrada completa solía quedar a salvo tanto en los feeds como en la sindicación en comentarios a través del correo electrónico. Era, hablando claro, una venda alrededor de una fractura abierta.

Que a esa torticera artimaña acudiéramos los ciudadanos de a pié tiene un pase. A fin de cuentas nada salvo nuestra propia palabra podía quedar en entredicho.  Que hoy en día, con la proliferación de redes sociales que existe, acudan los políticos creyendo que salvaguardan su imagen de cara al electorado, no. Y al parecer eso es lo que pasa con Twitter y nuestros amados representantes; borran los tuits que entran en contradicción con los actos de su propio partido, los que contradicen sus propios mensajes, y aquellos que les nacen de las vísceras y por los que pueden ser criticados. Nos lo muestra la Fundación Civio con una página web (Digo Diego) que recopila todos los tuits que nuestros políticos deciden borrar tras unas horas expuestos y por los que suponen pueden tener problemas. 

Lo dicho. Que lo hayamos hecho nosotros tiene un pase. Que lo hagan ahora los políticos creyendo que los ciudadanos votan una imagen más que unas ideas, no. Uy! creo que me he contestado a mi mismo porque...¿donde está escrito y cómo demostramos que los ciudadanos votan solo ideas y no imágenes corporativas? Tal vez no sea tan mala idea esa de borrar el rastro...
Llegados los últimos estertores del año se pueden dar por cumplidos los balances de los balances de estas fechas. Ya no hacen falta más resúmenes que sinteticen lo acaecido en el año que estamos próximos a despedir. Lo dicho dicho está y de poco sirve volver a repetirlo. Pero queda una pregunta por resolver y que nadie responde; si ninguno de los que tenemos nos valen para gobernar, ¿quién debería hacerlo? Personalmente pienso en los chinos. Tienen todo lo malo concentrado en su propia forma de estado; dictadura y marxismo, abonado con un poco de capitalismo beligerante. Si uno se para a pensarlo detenidamente tampoco esa es una solución. No poder elegir y equivocarse no es una solución válida democráticamente hablando. Pero tampoco lo es estar obligado a elegir entre malo y peor. Supongo que nos deberíamos haber quedado en aquello de 'cazadores-recolectores'. Vivíamos menos, sí, pero cada uno comía de lo que 'cazaba-recolectaba'.

Ah! Y no existían los políticos ni los periodistas, que es un punto extra más para añorar aquellos tiempos...
Quisiera que me explicaran cómo puede ser tan complicado convertirse en político y seguir siendo un ser humano normal. Cómo se puede llegar al punto de incluso cambiar convicciones personales por otras asumidas o inspiradas por terceros, o en el caso de los políticos, convenciones políticas ideadas para la homogeneización confesional de los militantes. Cómo se puede aceptar sin remilgos eso y seguir pudiéndose mirar uno a la cara frente al espejo. En ambos casos, izquierdas y derechas, se practica el 'si te mueves no sales en la foto'. Los de hoy han fallado, pero los de ayer sólo fueron conscientes de hasta donde metieron la gamba cuando ya no había remedio.

¿Tan complicado era matizar la ley del aborto para hacerla mejor? Ministro, usted tan solo debía modificar un par de sencillas cosas; aquello de que una niña no debiera comunicar a sus padres que iba a abortar y lo referente a la necesidad de la receta médica para la dispensación de la píldora del día después. Dos sencillas cuestiones que no hubieren supuesto poner en el disparadero a una sociedad, la Española, que bastante tiene ya con aguantarles a ustedes, derechas e izquierdas, a diario con sus sermones, sus salva-patrias en formato panfletero, y sus sí pero no y ahora es menos de lo que llegó a ser aún cuando se aseguró que no sería nada. Que esa es otra. Primero nos dicen que la luz no subirá. Luego se nos atragantan las gambas con un 11%. Y ahora se nos dan palmaditas en la espalda con un 'será sólo el 2'3%'. 

Hay que ser hijos de puta, malnacidos y rastreros para tomar el pelo a la ciudadanía de esa manera. Y me contengo y no hablo de esos pseudoperiodistas que llevan desde antes de que ganara el PP las elecciones profetizando el fin del mundo. Periodismo y política. Tal vez los dos oficios más tóxicos para la sociedad civil en estos días.
La herencia recibida es un cáliz tras el que se suelen parapetar los partidos cuando llegan al poder. Un muro infranqueable de datos y predicciones desoídas que difícilmente pueden ser rebatidas por los vencidos. Un suave lecho desde el que convertirse en la oposición de la oposición. Más, si el que ha llegado al poder lo hace tras un periplo paupérrimo de equivocaciones y negaciones de la realidad. Es entonces cuando la incompetencia del anterior gobernante y su recuerdo favorece la aparición de un poso desde el que idealizar una franqueza inexacta que suele acabar en la flagelación pública de una ciudadanía desesperada capaz de incluso creerse culpable de buena parte de sus males. Es, además, el recurso fácil de los malos gobernantes. Una forma casposa de escurrir el bulto. Un mal del que son acreedores todos y cada uno de los gobiernos que han ostentado el poder en este país hasta el momento.

Supongo que quienes esgrimen el argumento de la herencia recibida deberían convocar un simposio desde el cual fundar las bases para la regulación de dicho término. Por ejemplo, podrían decirnos a los ciudadanos los tempos exactos para poder arrogar o eximir de responsabilidades a quienes dejan el poder. O acertar a explicar a la sociedad cómo y de qué manera juzgar un posible sin que pueda nunca llegar a hacerse realidad. Eso lo debería hacer el gobierno actual, por ejemplo, puesto que siempre acaba diciendo que estas reformas no son más que la versión acelerada de lo que Jose Luis debió hacer tiempo atrás.

Supongo que si Zapatero hubiese sido honesto con los ciudadanos hubiere vuelto a ganar las elecciones. Incluso con subidas de impuestos y de la luz claramente expuestas en el programa. Del Partido Popular se esperaba que bajara los impuestos y los subió, ha disminuido el estado del bienestar y ha dilapidado en dos años toda la credibilidad que consiguió atesorar durante sus años de oposición. Ambos dos perdieron sus oportunidades para ser recordados como buenos gobernantes. Ambos dos merecen el olvido ciudadano.



Ni unos ni otros son adalides de la verdad y esa es la peor de las herencias recibidas que puede soportar una democracia. En Las Provincias he visto este documental de la plataforma narrative en la que se ve la realidad del día a día en España. Seguramente ellos no lo verán. Y si lo hacen intentarán acercarlo hacia sí para utilizarlo políticamente. No les dejemos. Esta es la herencia que nosotros, no ellos, hemos recibido. Nuestra condena por soportarlos. No dejemos que nos vuelvan a ningunear nunca.
Un año negro es lo que la lectura diaria de las noticias nos puede ayudar a prever. En lo que han durado dos latidos del corazón del feed de Europa Press han aflorado sendos dos soplidos, Isofotón y Edesa, que conforman la realidad de un país roto por la inseguridad laboral. Yo mismo lo he vivido en mis carnes este año otra vez. No quedarme sin trabajo, pero si convivir con la incertidumbre de saber si vas a cobrar al mes siguiente. Es desolador saberse tan desprotegido. Y terrible comprobar que no se es el único que padece de ese mal. Ni siquiera entre la familia.

Cada vez más, esas Navidades llenas de ojos iluminados por la ilusión de unos niños que esperan ansiosos sus juguetes pierde fuelle para decaer en otras en las que esos mismos niños maduran prematuramente, se convierten a pasos agigantados en adultos y pierden la oportunidad de experimentar la fantasía de un mundo sin preocupaciones. Lo veo a diario. Niños que hablan del dinero como si de bob esponja se tratara. Niños que en su prematura madurez resuelven categóricamente que no necesitan de regalos para sentirse especiales. Y a su lado padres, que rotos por el dolor, agradecen esas frases con unas lágrimas que no logran eliminar la rabia de saber que con ellas se esfuma la poca magia navideña que quedaba en sus hogares.

Supongo que es la crisis. Pero maldita sea la crisis.

Cada año servidor, y seguramente todos ustedes coincidan conmigo en esto, se ve apabullado por decenas de artículos que redundan en la no celebración de las fiestas navideñas. Al menos, no en su vertiente religiosa. Como las lluvias en Abril, nunca son fortuitos nuestros encuentros con dichos sermones, aunque no por ello dejan de ser desconcertantes. Son reiterativos en cuestiones que para nuestros adentros ya tenemos claras. Difícilmente vamos a cambiar de opinión al respecto. Poco más que lo único que se puede conseguir con dichas redacciones es un encontronazo con los lectores. Una parte al menos. Incluidos, y me pongo en primera fila, quienes sin tener a día de hoy muy claro si lo son o no, carecemos de la necesidad de avasallar a quienes sí lo son por convicción. Por supuesto tampoco respecto de los del otro lado.

Cada año servidor se empeña en hacerse las mismas preguntas. Y cada año, servidor como la inmensa mayoría de la humanidad, continúa sin encontrar su particular respuesta. Tal vez sea ello porque la respuesta, dentro de la simplicidad del concepto, constituya uno de los más complejos enigmas a los que la humanidad se enfrentará jamás. Tanto si existe Dios como si no, el hombre vivirá del mismo modo. Pero cuando la llegada de la muerte está próxima las cosas cambian. Ya no son tan seguras las certezas. Ya no hay consuelo en el ateísmo. 

Supongo que para quienes no crean, los momentos anteriores al fenecimiento deben ser los más angustiosos de toda su vida. Y aunque consigan llegar con la convicción intacta hasta el final, hasta esos segundos antes de saberse cercanos a la respuesta de la mayor de las preguntas de la humanidad, la sapiencia de que nunca podrán volver para contarlo, con un Dios de por medio o sin él, debe ser enloquecedora. Vivir a sabiendas de que la única meta es un final tan concreto e indefectiblemente invariable es posible. Enfrentarse a ese final sin anhelar haber estado equivocado toda esa vida, improbable. Y ahí creo que tiene ganada la batalla la Fe.

A mi particularmente estas preguntas no han hecho más que complicarme las respuestas. Yo llegué a la conclusión, viendo la complejidad del universo que nos rodea y atendiendo a la evolución de las especies del único planeta con vida que conocemos, de que moriría sin saber a ciencia cierta cual era la respuesta verdadera. Ni siquiera la llegada de un platillo volante a la Tierra me serviría para acotar las variables de dicho pensamiento, sino más bien las contrario, las multiplicaría. Si fuimos creados por alienígenas, ¿quién los creó a ellos? Y si no lo fuimos, ¿cómo es que los escarabajos siguen siendo escarabajos tras tantos millones de años de existencia? 

En esta segunda pregunta, para los que no sepan leer entre líneas, va implícita una falla en la teoría de la evolución. La no existencia de extraterrestres no implica que Dios exista. Podríamos ser también la primera civilización del universo. Por poder podríamos suponerlo, e incluso nadie nos lo podría negar. Y así se podría explicar que no encontráramos vida y seguir manteniendo que Dios no existe. Seguiríamos esperando respuestas de una teoría. 

Como teoría, la del Big Bang es la más extendida para explicar el universo. Ni siquiera la Iglesia la desecha puesto que tiene margen para poner a Dios en el centro de la creación. Al fin y al cabo alguien debió de hacer petar aquella molécula para que explosionara el universo entero en expansión. Más complicado es añadir el Big Crunch. Big Bang y Big Crunch alternos. Uno después del otro en una secuencia infinita. Y después de aseverar eso, una sencilla pregunta que seguiría sin respuesta ¿Cuantas veces habría ocurrido cada uno de ellos a día de hoy? Otro callejón sin salida. Con o sin teorías las respuestas nunca serán claras.

Supongo que tanto los que creen como los que no, sencillamente han puesto un fin distinto en sus prioridades. Vivir sin miedo ni ataduras esperando ser consecuentes en su último aliento. O vivir esperando la eternidad rigiéndose por lo que un libro dice. Ambos dos pensamientos esperan sin remedio el encontronazo con la verdad. Una verdad de la que nunca seremos partícipes. Una verdad que acabaremos por desentrañar tanto si queremos como si no. 

Personalmente creo que es mejor vivir y dejar vivir. Intentar hacer las cosas bien sin pensar demasiado en la muerte. Olvidarla hasta que su llegada sea irremediable. Enfrentarla y decidir en el último segundo según nuestra experiencia personal. ¿Para qué entonces malgastar tiempo en atacar a unos y otros? Yo prefiero abstenerme de leerlos. Me quedo con mis pensamientos, mis certezas y todas las dudas que las preguntas me permiten abarcar.

Un regalito para este fantástico día de Navidad
A veces pienso que estamos condenados a vivir en un déjà vu perpetuo. Un día de la marmota interminable. Un desolador futuro repetitivo en el que lo normal es descubrir la penicilina cada cinco o diez años. Uno puede comprender que el ciudadano de a pie caiga en esa reiteración sin turbarse lo más mínimo. Lo que no llego a concebir es que esa falla sea cometida por quienes se supone nos han de llevar al conocimiento de la actualidad. Me recuerda el artículo de Rosario G. Gomez para El País, a aquellas disquisiciones blogueras que antaño super poblaran los contenidos de la blogosfera con idealizaciones, debates y convicciones etéreas que nada, salvo autobombo, concedieron a dicha comunidad cibernauta.

En ese mismo periódico, Juan Luis Cebrián publicaba el 4 de Mayo de 2012, una cuarta página en conmemoración de los 36 años del nacimiento de dicho medio, en la que abogaba por la necesidad de un periodismo que pudiera ejercer de filtro entre la noticia veraz y el flujo de información sin contrastar que la Red podía proporcionar al ciudadano anónimo. Un periodismo profesional que ejerciera de policía de tráfico en la información. Una especie de marca de calidad que permitiera al ciudadano poder confiar, a su visión, ciegamente en que lo leído era verdadero. Pedía rigor y transparencia en el periodismo y lo emplazaba a suplir el liderazdo que se estaba demostrando inexistente entre los políticos.

Rosario reflexiona hoy sobre la necesidad o no de la opinión en el periodismo. En ese mismo artículo Ana Azurmendi, profesora de derechod e la información de la Universidad de Navarra, expone de forma magistral cómo de infructuoso podría llegar a ser el intento de sesgar la opinión de la información con un simple planteamiento; "las imágenes que acompañan una crónica, los hechos que se seleccionan en ella, su secuencia, la manera de contar, son el rastro personal-subjetivo de quien relata", mientras que Elena Real, vicedecana de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, establece unos parámetros claramente encontrados; "El periodista y el periodismo solo pueden ser militantes en lo que concierne a los derechos humanos. Lo demás sobra. Obviamente, en géneros como la opinión, uno puede ya retratarse ideológicamente, sin faltar al respeto ni mentir sobre lo que conocemos. En la información, jamás".

La diferencia temporal de los artículos de Cebrián y Rosario dista de poco más de año y medio. A ellos dos les podríamos sumar centenares de artículos de otros medios que han divagado inútilmente en la misma retórica. Tal vez nos hubiesen podido ahorrar tanto autobombo con la simple lectura del artículo de Jordi Pérez Colomé para Jot Down titulado "Por un periodismo sin rollos". Como dice Jordi; "El periodismo seguirá; los rollos de los periodistas son solo una parte insignificante".

En mi opinión, la guerra entre los defensores del periodismo edulcorado y quienes creemos en la información plana seguirá por los eternos. Cada cual conseguirá mantener intactas sus razones por muy elocuentes que sean las pruebas presentadas por su contrincante. Continuará, y perdónenme ustedes por la metáfora, como esos dos millones y poco de Españoles que realmente son decisivos en las elecciones. Dos millones y poco que varían su voto en función de lo que ven y que no se lo otorgan al partido político de turno como si de un equipo de fútbol se tratara. Esos dos millones de ciudadanos que han puesto y quitado gobiernos de verdad en esta pequeña democracia Española.

Eso sí, me desconsuela, como he dicho al principio, que estas divagaciones puramente onanistas hallan llegado a transformarse en artículos de periódico situados al mismo nivel que cualquier cosa que pueda ocurrir alrededor del mundo.
Tal vez hayan escuchado ustedes la cuña de radio esa en la que se nos recomienda hacernos extranjeros. La cuña en sí hace referencia a una web, hazteextranjero.com, en la que se nos ofrece la posibilidad de tramitar los papeles necesarios para convertirnos en extranjeros en nuestro propio país. Esto sonaría a guasa y hasta nos permitiría unas risas entre nosotros, si no fuera porque leyendo lo que uno lee por ahí, dicha decisión deja de situarse en la zona del cachondeo
para pasar a colocarse en la de 'necesidad vital'.

Verán. A un albañil de los de toda la vida, en paro desde hace unos años, se le ha retirado el subsidio que estaba cobrando porque un inspector de trabajo se presentó en casa de su hija (la del albañil) y se lo encontró allí haciendo lo que siempre hizo en su labor profesional sin que hubiere contrato ninguno que intermediara entre padre e hija. Padre e hija. Al mismo tiempo, Matas, ex presidente de Baleares, ha pedido el indulto alegando, y atiendan bien a lo que van a leer a continuación, que la pena de nueve meses de prisión por el delito de tráfico de influencias que pesa sobre él no serviría para su "reinserción social" y que esta condena "no resulta adecuada a la justicia, equidad y proporcionalidad". Relean de nuevo el alegato por favor y recuerden que esto sucede al mismo tiempo que se le retira la pensión a un albañil por hacer un trabajo en casa de su hija.

Alejándonos de las cuestiones legales y dejando de lado el hecho de si se le debe o no retirar el subsidio al pobre albañil, deberíamos centrarnos en una figura clave en toda esta pantomima que suele pasarnos desapercibida casi siempre; el inspector. Yo no pido que se perdone a los defraudadores. Tampoco que se inicie una caza de brujas mirando los ceros de las cuentas corrientes que convierta a los más ricos en los nuevos judíos del siglo veintiuno. Pero un poquito de por favor señores, un poco de humanidad. No hablamos de desfalcos millonarios. No hablamos de enriquecimientos desorbitados. Señores Inspectores que se dedican a saquear los bolsillos de los contribuyentes más humildes; hablamos de subsistencia básica. Algo que no se puede atribuir a Matas, por ejemplo, y que sin embargo goza de todas las garantías legales para permanecer en la calle sin preocupaciones.

Claro. Ahora me dirán que las mismas garantías que el albañil. Pues no. Al parecer el inspector le ha quitado la pensión y ha pasado por alto algunas cuestiones que podrían haber convertido el trabajo que estaba realizando el pobre señor en algo totalmente legal. Verán. Según la ley "no tendrán la consideración de trabajadores por cuenta ajena el cónyuge, los descendientes y ascendientes y demás parientes del empresario (el propietario de la vivienda no es considerado empresario), por consanguinidad o afinidad".

Piensen en las dos situaciones con detenimiento. Las comparaciones siempre son odiosas. Eso sí, hacerlas nos permite ver cuan necesaria es una regeneración total en este país de pandereta.
Imagen de ElDiario.es
Desde que el gobierno Valenciano adoptara la drástica medida de cerrar el canal autonómico, sus antiguos periodistas se han prodigado en la denuncia de lo que hasta minutos antes de hacerse pública dicha decisión se encargaron de encubrir; el choriceo, el mangoneo y la corrupción en su vertiente más tosca, arrabalera, burda, cerril, palurda, grosera, prosaica, zafia y vulgar. Han recordado de golpe y no sin antes perder su tan querida nómina, aquel código deontológico que, al igual que el valor a los soldados, se les suponía a los periodistas. Claro, si aún se les puede seguir llamando periodistas.
El caso es que desde hace unas semanas los periodistas de RTVV han pasado de ser consumadamente conservadores, algunos dirían que incluso ultraderechistas, ha convertirse en implacables altavoces contra la corrupción, la irrelevancia de la Comunidad Valenciana en el exterior, y la defensa de un idioma como el Valenciano que en sus bocas, en la humilde opinión de un servidor habitante de La Ribera de Xuquer, siempre le pareció impostado, artificial y retocado hasta el punto de llegar a no ser ni Catalán ni Valenciano. Es más, como máxima para acercar a los ciudadanos a sus posturas, se ha llegado incluso a esgrimir un provinciano, pueblerino y paleto argumento que han sido capaces de sintetizar en una simplona pregunta retórica ¿quién retransmitirá las fiestas de vuestro pueblo sin RTVV?

Lo cierto es que la lucha que mantienen tanto ellos como la oposición impide que vean el creciente sentir que a su alrededor comienza a germinar y que lejos de acompañarlos opta por un punto y aparte abrupto que eliminaría de facto casi todas las televisiones autonómicas. Incluso la oposición, en otro claro ejemplo de oportunismo político, juega sus bazas para recuperar un canal de propaganda que esta vez le sería fiel no por los dedazos para la colocación laboral, sino más bien por el deseo de venganza. Una jugada maestra.

Los Valencianos hemos sufrido de manos de nuestros políticos el saqueo, el aborregamiento y el adoctrinamiento supino de quienes, no sólo desde el poder sino también desde la oposición, nos han puesto frente a un espejo trucado de la realidad que no ha hecho más que envenenar nuestras mentes de superficialidades, pajas mentales y batallas lingüísticas. Lo han hecho juntos. Los unos y los otros. Da igual que Canal Nou tuviera más trabajadores que Tele5 Antena 3 y Cuatro juntas. Lo importante, almenos para ellos y quienes no saben más que loar a quienes les dan un trozo de teta del que mamar, es que gracias a sus 1800 trabajadores se hablaba Valenciano y se retransmitían las fiestas del pueblo. Esa es la realidad Valenciana señores. Esa es la triste y deplorable realidad.

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Madiba, luces y sombras

Imagen de South African History online
Sin duda hay muchas formas de avanzar en Democracia y sólo dos de llegar a ella. La una es la más democrática de todas, contar con el consenso ciudadano-político-militar. La otra la que protagonizó quien estos días copa la atención mediática mundial, Madiba. Dicha vía supone ubicarse en el mismo lado del cuadrilátero que todos aquellos que son declarados mundialmente anti-demócratas; los terroristas (Umkhonto we Sizwe). Una decisión complicada para un demócrata, sin duda, pero que cuenta con la salvaguarda de quien sabe a ciencia cierta que el mundo entero olvidará sus pecados si un día su estrategia sale victoriosa. Y este es el caso que nos ocupa. Muerto Madiba se lo santifica. Mucho antes de morir se lo absolvió de toda acción criminal por obra y gracia de la conciencia colectiva mundial y se lo nombró Premio Nobel de la Paz, echo que me recuerda a otro gran Presidente que hizo caer en semejante contradicción a tan altamente significada Institución.

No seré yo quien le niegue a Madiba la realidad de su logro, pero permitanme también negarme a secundar semejante absolución total. En mi humilde opinión, hay formas y formas de llegar a la democracia y la que él eligió es sin duda ninguna la peor de todas. Otra cosa es que tuviera siquiera posibilidad para elegir la forma de lograr la libertad para su pueblo. Y ahí es, cuando uno se hace esta simple pregunta, cuando comprende el porqué del olvido mundial de sus actos.
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Música para el puente #JossStone


Puede que si un día alguien decidiera darle un repaso al blog para sacar una conclusión sobre su autor, con sus palabras plasmadas por aquí como única referencia, terminara para asumir que servidor no fue más que un talibán de la crítica al periodismo. En cierto modo no iría desencaminado. Baste con leer un poco al azar para darse cuenta de que cualquier otra conclusión sería errónea. Y no es que uno naciera con semejante animadversión hacia el periodista, sino que más bien fue un truculento viaje a ninguna parte de la mano de quienes, con sus palabras y reportajes, manipularon y omitieron informaciones con el único fin de convertirse en catalizadores de opinión y creadores de tendencia electoral los que me llevaron a la situación actual.
Foto de Jot Down
Servidor se sorprende al descubrir cuan sencillo sería para sí reconciliarse con un colectivo como el periodístico si, por casualidad, todos sus representantes aceptaran sincerarse como lo hace Leila Guerreiro en una entrevista para Jot Down. Y aún así a quien aquí escribe le preocupa que incluso esa aparente sinceridad no sea más que una pose más en la estudiada presentación en sociedad de quien vive sin duda del aura de independencia que exhibe. Y ahí radica, en mi modesta opinión, la tristeza del momento crítico que padece el periodismo en la actualidad.

Si ya ni de sus confesiones personales expuestas en una entrevista nos podemos fiar...
Si cualquiera de nosotros tuviese en su mano la espada de Damocles que oscilara amenazante sobre una televisión pública raramente optaría por la misma vía que Fabra. Lo de cerrar RTVV ha sido como lo de esos protagonistas de SAW que deben elegir entre conservar sus manos o seguir con vida serrándoselas con el cuchillo romo que casualmente se han dejado a su alcance. No me imagino siquiera cual será la estrategia del partido de ahora en adelante, entre otras cosas porque como todo el mundo sabe, en esas películas los que se cortan las manos por lo general suelen acabar desangrados.

El futuro es negro, tanto como la imagen que hoy aparece en mi televisor cuando pulso el botón de Canal Nou. Tan negro como el de Fabra. Inmensamente más oscuro que el de esos trabajadores, que en los últimos estertores de vigencia de su nómina, descubrieron por fin su vena periodística y encendieron el ventilador de la porquería sin darse cuenta de que ello, más que ayudarlos a recabar apoyo ciudadano, contribuía a alimentar la pregunta que en todo vecino Valenciano germinaba '¿Ahora?'.

Para un servidor son contradictorias las sensaciones que le producen dicho cierre. En un aspecto puramente político me alegro. No se merecían el dinero que ganaban por mentirosos, manipuladores y falsos. Por otra parte recuerdo que un técnico de sonido poco o nada tiene que ver con lo de falsear verdades periodísticas. Me sonrojo por mi primera reacción hasta que recuerdo que casi todos los que allí trabajaban entraron a dedo.

Siempre es malo que un medio de comunicación cierre. Incluso si éste está dedicado en exclusiva a la propaganda de tal o cual partido. Lo que ya no es tan normal es tener que aceptar las disculpas de quienes sencillamente nunca se preocuparon por el dolor que provocaban al manipular una información. No se los puede reconocer como periodistas porque nunca lo fueron. Llamémoslos pancarteros de traje y corbata. Que circulen por el INEM como tantos otros hicimos mientras ellos tergiversaban, omitían o censuraban lo que por las mismas calles por las que ellos caminaban ocurría cuando sus nóminas no corrían peligro.

Adiós vendidos. Que os aproveche. Y suerte Fabra, porque la vas a necesitar. De valientes están los cementerios llenos. Tu decisión ha sido valiente, pero bien que te va a valer una buena puñalada trapera. Seguro.
Pareciera como si siempre hubiésemos vivido en una mentira. Pareciera como si la verdad nunca hubiere estado destinada a residir en nuestros oídos. Pareciera como si nunca hubiéremos estado informados. La opinión, siendo como fue siempre motor imprescindible para la regeneración democrática para un servidor, ha acabo por convertirse en un motivo más de distanciamiento entre ciudadanos y políticos, periodistas y medios de comunicación en general.

Si para algo han servido las nuevas tecnologías ha sido, sin duda ninguna, para destaparnos los ojos y aprender por las bravas que la imparcialidad no es más que un concepto imposible como lo es el infinito en las matemáticas. Da igual que lado del espectro político habiten los comunicadores de opinión, para ellos su lado siempre será el bueno y todos gritaran a voz en pecho en defensa de la libertad de expresión, las verdades sin cortapisas y la honradez de los comunicantes.

Es, sencillamente, el precio a pagar por vivir en la burbuja de la falsa libertad del periodista.
Es curioso ver cómo la sociedad española se muestra cada vez más apática en torno a los mensajes políticos que les llegan a través de los medios de comunicación, y más aún a través de las redes sociales. Como muestra un botón; tras la polvareda que ha levantado el cierre de la Tv autonómica Valenciana y en plena efervescencia antipepera desatada por la no menos históricamente avalista de las políticas de dicho partido, Canal 9, la concentración que se celebró en mi ciudad sólo consiguió congregar a unas doscientas personas. Siempre con datos de los manifestantes. Ni tan siquiera los partidos que convocaron dicha orgía de las vanidades consiguieron encandilar a sus afiliados. Y ello es, cuanto menos, extraño para quien por aquí escribe.
fotografía de la concentración (Ribera Express)
La cuestión es que esta realidad contrasta con la que se nos intenta recalcar desde los medios de comunicación y las redes sociales, donde los apoyos, los avales y la suma a las intencionalidades de quienes se erigen en catalizadores de la opinión pública, no necesitan más que de un asentimiento de cabeza mientras se escuchan las noticias, o un mísero click en el 'retweet' o el 'I like' para sumarse a una marea ciudadana digital que no implica levantar las posaderas del sofá de nuestras casas.

Pareciera como si la ciudadanía ya no aceptara tan a la ligera sumarse a eslóganes vacíos. A mi modo de ver las cosas, los partidos que hoy se creen portavoces de la gente se van a pegar un tortazo monumental en las próximas elecciones. A no ser claro que cambien su forma de hacer las cosas...
Hoy son periodistas...¿y ayer qué eran entonces?
Había una vez una televisión pública Valenciana que medraba, ninguneaba a la oposición y mimaba y protegía a los miembros del gobierno autonómico que la manejaban desde el mismo día de su creación. Por ella pasaron y mandaron no sólo los que un día decidieron traicionar a sus trabajadores y cerrar sus emisiones, sino también quienes ahora estaban en la oposición y la crearon, años ha, cometiendo los mismos delitos que hoy les atribuyen a los actuales inquilinos del poder.

Tantos años engañando a los Valencianos y resulta que sólo ahora, cuando su nómina peligra de verdad, se dan por sabedores de que han estado intoxicando y mintiendo a los Valencianos. Podrían haberlo denunciado cuando sus nóminas no estaban sentenciadas de muerte. Cuando sus palabras aún eran representativas del periodismo y no ahora, cuando sus exabruptos no son más que la carnalización del odio hacia la mano que está destinada a cortarles el cuello.

El periodista de verdad no obedece órdenes de ningún director de informativos y si lo tiene que hacer dimite. Todo lo demás no es más que un simple trabajo como cualquier otro.
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Soñar contigo



Hay veces en las que las palabras sobran. Incluso cuando éstas deberían llenar un vacío premeditado de semanas en silencio. Semanas de olvido áspero que arraiga en una desgana insatisfecha por volver a volcar nuestro interior en un blog. Aún así, me han gustado tanto la canción como el autor que no he podido resistir la tentación de suspirar una vez más por aquí.
A su juicio, dejó un tiempo prudente entre su post de despedida y el de vuelta. No pretendía que quienes lo leyeron antaño aceptaran sin miramientos la nueva idea de blog, que hacía unos meses había germinado en aquella inestable mente cansada. La propia idea lo aterraba a él mismo. Sin embargo decidió que ya era hora de recomenzar de nuevo, de hacerlo con un poco más de intimidad, más personal, más ameno. La idea de contar historias, propias o extrañas sin distinción, le agradó. Dejar a criterio de los lectores el convencimiento de que lo escrito era real o inventado. Aprender a jugar en ese juego en el que no es tan importante la realidad como la sensación que dejan las palabras escritas. Mezclar y eliminar para siempre los muros de las limitaciones a la creación. Así que así recomenzó su blog:

La historia que será 1

Seguramente habría sido aquel hombre misterioso, aparecido por detrás de la barra del bar, el que a escondidas le había proporcionado aquella droga que ahora lo adormilaba mientras conducía. Las farolas, las líneas que delimitaban la carretera, incluso las señales de tráfico que sucesivamente se acercaban a él a velocidad de vértigo y pasaban de largo rozando su mirada a derecha e izquierda, iban convirtiéndose poco a poco en meras insinuaciones de lo que un día llegaron a ser en realidad, advertencias de peligro.

Tal vez nunca debería haber acudido a aquel lugar de la mano de la preciosidad que, de improvisto, lo había abordado en medio de la calle con aquella mirada lujuriosa que poco más que le había quitado el hipo que desde el día de su nacimiento lo acompañaba a todas partes. A decir verdad, en ese momento no se había dado cuenta, pero ahora, rememorando la noche, no dejaba de sorprenderle el hecho de que no, no recordaba el cansino sonido que durante tantos años lo había acompañado.

Sería, como decía su madre cuando era una criatura, que toda aquella demencial dolencia respiratoria no habitaba para nada en su cuerpo, sino más bien en una desolada, afligida y desconsolada mente enajenada, carente de raciocinio y falta, como no podía ser de otra manera, de cualquier atisbo de razón que convirtiera al ser que la habitaba en algo más que un andrajo zarrapastroso cuyo único fin en este mundo había sido nacer para convertir la vida de su difunta y santa madre en un infierno en vida que no acabaría, cómo no, hasta que él mismo, con un hacha, valor y rabias incontenidas, acabara con un certero golpe seccionando en dos la cabeza de quien, durante décadas, no había hecho más que culpabilizarlo por las desdichas padecidas.
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Cámbio de temática

La temática del blog debería cambiar, entre otras cosas, porque he comprobado a lo largo de estos años que la opinión no sirve más que para alimentar los radicalismos, los cierres en banda y los árboles capaces de tapar la visión de bosques enteros. Y más sorprendente aún, ni yo ni ninguno de los que han leído alguna vez uno de mis posts han cambiado su particular forma de ver aquello sobre lo que se escribió. No esperé que eso sucediera, pero me sorprende que ni siquiera yo mismo haya sido capaz de cambiar un ápice mis ideas. Es como si nos hubieran lavado el cerebro a todos. Y me siento como si hubiese vivido todos estos años pensando que era el tuerto en el país de los ciegos, cuando la realidad pareciera que soy un vocero más de los miles que pueblan la red de redes.

Así que cambiamos. Esperemos que con ello recuperemos de nuevo las ganas de plantarnos ante el teclado.
Simplificar es reducir a la mínima expresión cualquier cosa. En el plano de la opinión, además, requiere que dicha reducción no cambie el significado de lo expresado. Pero, una vez aclarado dicho punto, ¿cómo se debe responder, por ejemplo, a una pregunta como ésta?

Yo lo dejé en un simple 'si', que no era más que la forma irónica de responder a una pregunta tramposa, pero muchos ciudadanos sucumben sin querer al juego de la semántica y acaban aceptando sin darse cuenta conceptos que antes hubieren negado de plano. Si atendemos a la pregunta con detenimiento, se somete a valoración algo que de entrada es inconcebible. Indudablemente cualquiera a quien se le haga dicha pregunta responderá sin dudarlo que se posiciona del lado de los ciudadanos, pero debemos recordarnos, antes de responder a la ligera, que antes de llegar a dicha pregunta se deberían responder muchísimas más que serían, esta vez sí, las que nos ofrecerían una visión más global del problema que tan ruinmente se intenta simplificar con la citada pregunta.

En el mundo dospuntocerista que desgraciadamente nos ha tocado vivir, el ánsia por la falsa simplificación, la tergiversación y la demonización del que piensa ligeramente diferente a uno hacen que el caldo de cultivo de la mentira y el odio se extiendan sin reparo por la red de redes. Ahora no es suficiente con pensar, además hay que saber responder a las injurias sin caer en la tentación de responder con una ironía que, como desgraciadamente todos sabemos, es difícilmente detectable para quien sencillamente busca el discurso fácil, el panfletismo y las batallas rápidas que poder colgarse de la pechera.
Una persona cualquiera, de esas que ni pinchan ni cortan a la hora de hacer leyes salvo cuando van a votar cada cuatro años, podría llegar a pensar cualquier barbaridad sin que por ello tuviera que ser tildada de nada en absoluto. Otras, como los políticos, deberían medir sus palabras al milímetro para no provocar mayores altercados que los que su propia existencia conllevan. Los dos deberían tener derecho a creer lo que quisieran, pero los segundos se deberían a su deber para no desafinar en la filarmónica democrática de la que forman parte. Más aún cuando de denigrar ciudadanos se trata.

Las declaraciones de Manuel Valls, Socialista Francés no se vayan ustedes a creer, no sólo son un abono inmejorable para el pensamiento simplista, sino que además nos demuestran al resto de ciudadanos europeos, y más en concreto a los Españoles, que no todo por ahí fuera es tan sencillo de encasillar como se pretende por aquí. Hacen un muy mal favor a la democracia quienes se empeñan en ignorar que en política no existen los buenos y los malos, sino más bien diversas formas de entender el mundo que los rodea.

Otros que deberían pensarse muy bien lo que hacen son Mariano y los suyos. La presión a la que están siendo sometidos por parte de Sheldon podría, y digo únicamente que podría, llevar a pensar a la ciudadanía que  el precio a pagar para la elaboración de una legislación a la carta es meramente económica. Tan económica que para la inmensa mayoría de los ciudadanos dicho precio sería prohibitivo para sus intereses.

Si Mariano me aceptara un consejo le diría que mandara al carajo el Eurovegas. Más cuando a un político que está contra las cuerdas por sus políticas se le suma la evidencia de que es capaz de sucumbir a chantajes de pseudomafiosos.
Me resulta curioso presenciar la batalla que desde el sector Catalanista de la educación se está presentando a la pretensión de la instauración del trilingüismo en Baleares y Valencia. Más después de escuchar lo que Don Carlos M. Gorriagán nos cuenta en su intervención:


Cada día que pasa uno tiene más claro que si quiere mantenerse informado debe evitar a toda costa cualquier medio de comunicación. Ha llegado a tal punto la desfachatez periodística, que hasta el más pintado de los susodichos se revuelven indignados ante la sola mención de su particular sectarismo. Y es que cada día que pasa está más claro que la profesión de periodista ha tocado fondo. Ya no basta con informar. Ahora hay que tergiversar, escribir con titulares y conformar todo un conglomerado de 'hechos' que den base a una supuesta confabulación para esconder la verdad. Y lo curioso es que a este juego se le da bola desde ambos lados del espectro político-periodístico. Da igual que busquen en El Mundo, El País, La Razón, La Ser, Onda Cero, Antena Tres, Cuatro o cualquiera de las demás, más reaccionarias si cabe que les mentadas.

Hoy en día es más fiable guiarse por agencias de noticias. También recordar que en ellas aparecen políticos que hacen declaraciones, que son otro segmento poblacional empeñado en tergiversar, mentir y confabular para recabar apoyo ciudadano. Y por supuesto, cabe no olvidar que dichas agencias de noticias están compuestas por más periodistas.

Al periodismo lo ha hundido Twitter y el resto de Redes Sociales. Han sucumbido a la gloria de saberse reconocidos por desconocidos al instante. Por las mieles de los agasajos constantes de fieles seguidores, que no esperan de ellos más que el espaldarazo habitual a sus caprichosas entendederas. Han cambiado el informar por venderse como defensores de su verdad, la única verdad posible. A poco que miren ustedes en la red aparecen de estos a patadas.



Hoy @AngelCalleja me lo ha dejado, si cabe, más claro de lo que lo tenía.
Una de las cosas que más deberíamos temer los ciudadanos es la desinformación. No me refiero a aquella que consiste en saturar con datos insustanciales y debidamente interesados la información que se deja circular por la red de redes, sino más bien a aquella que sencillamente se impide que se de, esa que nuestros periodistas tan oportunamente discriminan por carecer de la relevancia debida.

Verán, hoy he leído un artículo siniestro referente a una secreta operación de limpieza nuclear en Semipalatinsk. No se preocupen, tampoco yo se situar ese nombre en el mapa. Baste, para que nos hagamos una idea de por donde van los tiros aquí, con remitirles a un par de párrafos profundamente esclarecedores del artículo antes mentado;

Entre 1949 y 1989, la Unión Soviética convirtió la región de Semipalatinsk (Kazajistán) en el mayor laboratorio de pruebas atómicas de la historia. Durante cuarenta años se detonaron hasta 465 bombas que liberaron mayores cantidades de radiactividad que el desastre de Chernóbil, dejando atroces secuelas que aún hoy son visibles en una ciudad donde la incidencia de tumores es un 30% mayor que en otras zonas del país.
Más de 20 años después de que detonaran la última bomba, ha finalizado una operación mantenida en secreto por científicos e ingenieros rusos, kazajos y americanos que han conseguido sellar y aislar este arsenal radiactivo de 200 kilos de plutonio fértil que permanecía desprotegido y sin vigilancia desde que los rusos lo abandonaron tras la caída de la URSS.

El artículo en cuestión viene acompañado por un informe del Centro Belfer de Ciencia y Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, en el que se ofrece una detallada descripción de los pasos seguidos para el sellado de dicho emplazamiento nuclear. Curiosamente ningún medio de comunicación ha prestado la menor atención a dicha operación, y sí a la del escape de agua radiactiva de Fukushima.

El 26 de de Abril de 1986 se produjo el accidente nuclear de Chernóbil. Junto a éste se ha situado en la escala internacional de accidentes nucleares al desastre de Fukushima. Los dos innegables. Los dos sucedidos a la vista de todos. Incuestionables y difíciles de ocultar. Sin embargo, otras posibles calamidades como la antes descrita nos dejan, al menos a quienes no dudamos en cuestionar lo que se nos cuenta, la sensación de saber que sólo conocemos la parte de la verdad que los gobiernos creen que son capaces de controlar.

¿Periodismo? No, no creo que lo que leemos, vemos y escuchamos sea digno de ser llamado periodismo.
Hay dos formas de escribir. Dos formas de ver el mundo, de contarlo y de explicárselo a quienes no tienen más opción que convertirse en escuchantes que asimilan la información que les llega. Dos formas que mantienen una lucha diaria por encandilar a los lectores, arrastrarlos hacia sí y someterlos a sus creencias, divagaciones y certezas. Y en medio de ellas dos está la hilarante sucesión de hechos que hace imposible descubrir cual de las tres verdades que coexisten al mismo tiempo es la verdad verdadera. Dos mundos obsesionados con hacer saber a los ciudadanos que la suya es la buena y la otra está sumida en la tergiversación, la mentira y la omisión deliberada de datos que la contradigan.

Una tiende al insulto, el desprecio y la simplificación. Busca el tremendismo, la urgencia, el escándalo. Atiza las cenizas en busca del incendio perdido. Busca errores en el contrario y los amplifica. Tergiversa datos, enciende ventiladores y pretende hacer partícipes al resto de ciudadanos de lo que sencillamente no es más que una posición impuesta, desde cualquier aparato político, para convertirla en altavoz de sus designios. Lo explica muy bien Javier en su post.

La otra, sencillamente, cuenta lo que cree que debe contar, describe lo que entiende que ve y huye de resúmenes interesados y simplificaciones que alteren la realidad. La una escribe desde la víscera, el rencor, o el complejo de perdedor que la hace culpar al mundo de su desdicha. En cambio la otra se cuestiona multitud de temas sin atender a esquinas preconcebidas, no juzga gratuitamente al mensajero y alza la vista en busca de una verdad que sencillamente no existe como tal.

Encontrar estas dos verdades inmersas en el lector de feeds propio es hasta cierto punto contrapoducente. Y aún así a servidor le parece necesario mantenerlas para afianzar su juicio a la hora de valorar lo que cualquiera decide escribir.

Lo de Siria no es sencillo de digerir para nadie. Es complicado decidirse por un bando cuando lo que uno atisba no es una guerra entre víctimas y verdugos, por muchas armas químicas que se lancen unos a otros, sino más bien entre partidarios de dictaduras militares y Yihadistas amantes del Islamismo radical. Así de sencillo. La muestra de Egipto con sus Hermanos Musulmanes y los militares salva-patrias es esclarecedora y perturbadoramente premonitoria.  Aún así la comunidad internacional necesita ofrecerse a sí misma una imagen de mano dura en defensa de los derechos humanos, que puede dar lugar al nacimiento de una nueva Irán. Objetivo último que no era sino la estación de llegada del tren que los Hermanos musulmanes habían puesto en marcha para la hasta ayer dictadura militar de Mubarak. Es así de sencillo y complicado a la vez.

No hay buenos y malos en los conflictos que han deparado las primaveras árabes, sino más bien ciudadanos que viven en la amenaza diaria, con índices de escolaridad tercermundistas, y en sociedades que no distinguen entre política y religión. Sociedades y ciudadanos que viven sometidos a creencias religiosas de puertas para adentro. Ciudadanos que disfrutan de la libertad religiosa en las calles a punta de pistola. De nuevo Egipto con Mubarak y Siria con Bashar Al-Asad son dos muestras fidedignas de esto último. Y así las cosas, ¿Cómo pretenden que un sencillo ciudadano como yo me decida por uno u otro bando?

Ni yo ni ninguno de los que se prestan a pregonar las soflamas a favor de una u otra postura, podemos hacernos idea alguna de lo que los ciudadanos de esos países quieren para sí mismos. Digo más, ni siquiera se si ellos con sus votos son capaces de elegir lo que es verdaderamente bueno para ellos y sus familias. Tristemente Egipto vuelve a mostrarse como una prueba de ello. Y más aún, no podemos esperar que en países en donde el retraso en lo referente a los derechos humanos es tan descomunal, florezca de la noche a la mañana una democracia como la nuestra. Ni siquiera una que se parezca lejanamente a ella. Y menos aún una en la que la religión, con la que conviven a diario todos sus ciudadanos y bajo la que rigen sus míseras vidas, acabe relegada a un segundo plano y se aleje sumisa del poder establecido.

Ganen unos u otros, y eso lo saben incluso los que quieren bombardear ese país como demuestra que ni siquiera contemplen armar a los rebeldes, perderán los ciudadanos que se esconden de las balas. En países en los que el concepto de democracia se atiende sólo como vía internacionalmente aceptada para institucionalizar una Sharia medieval, los ciudadanos analfabetos a los que se les pide el voto suelen estar debidamente adiestrados en mezquitas y demás lugares de culto. Con ciudadanos que no son capaces de discernir entre religión y política una democracia no es tal. Y los mismos, aún con la libertad religiosa que les ofrece la dictadura, coexisten sumisos con la falta de derechos fundamentales.

Un ciudadano, en sus cabales, no puede estar ni con unos ni con otros. Y sin embargo, ya ven, nos piden a través de sus megáfonos a sueldo y bajo proclamas interesadas un apoyo que, si de nuestros destinos se tratara, no podríamos otorgar.

Me gustaría que un día nuestros políticos nos explicaran en qué momento decidieron que el resto de ciudadanos teníamos memoria de pez. Lo que nos cuenta hoy Aurelio en El blog salmón referente al cambio de última hora que ha efectuado el Instituto Nacional de Estadística sobre la serie contable del PIB de los años 2009 a 2012 es de órdago. Como muy bien dice él, ya ni de los datos de los organismos reguladores nos podemos fiar.

Y no es que a mi personalmente esas cifras que se han modificado me digan muchas cosas, no soy contable sino camionero, pero es que aún así soy consciente de lo peligroso que resulta saber que las cifras sobre las que se basan teorías, opiniones y predicciones varias que nos afectan como ciudadanos, pueden ser tan sencillamente modificadas. Se comienza por desconfiar de los datos y se acaba pegando fuego a las papeleras. Se comienza reescribiendo el pasado financiero y se acaba como en la novela 1984, aceptando el "doblepensar"; dos verdades opuestas, dos mentiras descomunales.

Harían bien nuestros políticos en comenzar a explicarles a los ciudadanos cómo puede ser que una modificación en la contabilidad de un país entero pueda tomarse como algo natural. Lo peor es que al parecer este tipo de prácticas son bastante habituales, no en vano no hay muchos periodistas que hayan puesto el grito en el cielo por este tema.

Me resulta sorprendente ver cómo los opinadores de las tertulias son capaces de defender una cosa un día, la contraria al siguiente, y acusar a sus interlocutores de falsear realidades cuando se osa poner la tilde en dicha cuestión. La llegada de las redes sociales a la información, la asunción de dicha hiper velocidad como propia, y la demostrada incapacidad de los periodistas para salvaguardar su profesión de los buitres tertulianos que la masacran a diario en radio y televisión, no han hecho más que poner sobre la mesa esta realidad. De todos es sabido que no todos los tertulianos son periodistas, pero ni siquiera los que sí ostentan dicha profesión en sus currículums son capaces de razonar con meridianas verdades cuando el gallinero se pone patas arriba. Las tertulias de La Sexta, Cuatro, Intereconomía y 13TV son claro ejemplo de ello. El mítico Tómbola su fuente de inspiración.

Hoy Marcelino publica en su blog una foto que intenta resumir cual es el efecto de las redes sociales en los usuarios. Yo la haría también extensible para tertulianos que ojean sus cuentas sociales observando el incremento de seguidores, las repercusiones de sus parrafadas y su más que demostrada aceptación de la rumorología como hecho consumado incontestable que es necesario rebatir para obtener el beneplácito de la duda.

Caso a parte es la repercusión de dichos debates. Tal vez la explicación a que dichos programas tengan audiencia resida en el enlace que comparte Carlos Morán en el blog de Emilio Calatayud referente al tiempo de lectura que los padres comparten con sus hijos:

“Los niños españoles disfrutan de las aventuras de Peter Pan o Caperucita Roja generalmente solos. Y es que los padres españoles leen menos cuentos con sus hijos que la mayoría de los países del entorno. Así lo demuestra un estudio de la Universidad Pompeu Fabra que también pone de manifiesto la importancia que tiene esta lectura familiar para mejorar los resultados académicos. Una característica que se repite en todos los países -incluida España- es que las madres leen más horas con los hijos que los padres. Como media, el 47,99% de las madres españolas leen frecuentemente con sus hijos, según los datos recabados en 2011. Una cifra muy alejada del 73,4% de Suecia o del 80,8% de las madres islandesas”.

Es complicado discernir hasta qué punto deberían ser desaconsejados dichos programas. La más de las veces ese es el único acercamiento real de la mayoría de los ciudadanos a la política. Eso lo saben y lo rentabilizan a las mil maravillas sus tertulianos, que amparándose en la campechanía, el hablar de la calle y la falsa indignación populista, arrancan aplausos en radioyentes y televidentes como quien recoge higos con una caña de la huiguera.

Es lo que hay.

Es una pena comprobar cómo la radicalización del discurso, tanto político como radio-televisivo, influyen de manera nociva no sólo en los ciudadanos que se mantienen alejados de la actualidad a velocidad de tuit, sino también en quienes haciendo de sus herramientas dospuntoceristas su armadura, sucumben al descrédito, la difamación y la simpleza de pensamiento. Servidor, para que ninguno se me moleste, el primero.

Yo siempre defendí la llegada de la opinión a la blogosfera. Creí de verdad que era necesaria para cambiar las cosas. Pero el resultado de dicha llegada no ha sido el que uno hubiese esperado. Más bien al contrario, para lo único que ha servido ha sido para elevar el tono del debate, complicar sobremanera el entendimiento entre diferentes puntos de vista y dar paso sin posibilidad de frenado a la maquinaria de los partidos incluso en nuestros times lines personales. Que levante la mano quien no tenga a algún político entre sus feeds, en en su tuiter.

El anonimato, sin ser el culpable de todo ello, sí se ha convertido en un perfecto caldo de cultivo del que han emergido trolls, comentaristas sectarios profesionales de cualquier bando, que han inundado blogs, tuiters y hasta secciones de comentarios de periódicos, que han acabado pareciéndose más a 4Chan que a lugares de conversación racional de una sección on-line de periódicos tradicionales. No digamos los blogs personales, que amparándose en no se sabe qué posible persecución por las palabras escritas, defienden sus insultos, ultrajes e infamias desde el susodicho.

Hace tiempo que no leo los comentarios de las noticias en las versiones digitales de los periódicos. También hace mucho que ni siquiera comento en otros blogs. Arianna, del Huffington Post lo ha dicho claro;

I feel that freedom of expression is given to people who stand up for what they say and not hiding behind anonymity"...“we need to evolve a platform to meet the needs of the grown-up Internet”,
No es que le tenga un aprecio especial a una señora que, como tantos periodistas han denunciado, no ha tenido mejor idea que la de ganarse la vida llevando la esclavitud al gremio, sino que sencillamente no estoy tan seguro de poder apoyar una visión tan buenista del mundo que nos rodea como la que defiende el amigo Enrique en su artículo "El anonimato como derecho".
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A favor de la independencia de Cataluña

El tema Catalán aburre, cansa y carga para un servidor de ustedes. Yo no se en qué momento una parte de la población decidió que avalar, respetar y alentar dicha causa era bueno para la democracia, pero lo hizo. Y al avalarla, al que ose oponerse a ella no se lo puede mas que tachar de anti-demócrata con todas las de la ley. Es lo que tiene la semántica, la sintaxis, la gramática, en un país en donde cualquier frase se saca de contexto, se retuerce en su significado y se basta para ser utilizada en eso que algunos han dado en llamar "debate democrático". Sí lo se, demasiadas veces he escrito la palabrita en un solo párrafo. Es como la mona que se viste de seda, por muchas veces que se mente la democracia en un alegato, no se tiene porqué conseguir que las intenciones se alineen con dicho fin.

El tema Catalán ha hecho que un servidor varíe extraordinariamente su forma de ver España. Por ejemplo, los Catalanes me han convencido de que sí, lo mejor para todos es que ellos consigan la independencia.  Sólo con eso en España conseguiríamos que los partidos nacionales a los que votáramos tuvieran como única meta el bien de la nación y no, como ocurre ahora, el apoyo puntual e interesado de un grupúsculo ciudadano cuya única y aplastante victoria reside en la concentración de los votos en su región, ungidos estos por la ley d'Hondt y la partición electoral en circunscripciones.

En un país en el que ya no queda ninguna Institución que se salve de la rémora del descrédito, la aparición de un espectro electoral futuríble en el que las tensiones territoriales desapareciesen, podría suponer la salvación de una democracia que adolece a sus treinta y tantos años del vigor, el buenrrollismo y los anhelos de libertad que la llevaron a buen puerto. Lo dicen ellos, los Catalanes, y lo digo también yo; no votamos esa constitución ¿porqué no hacerlo ahora y replantearla desde la perspectiva de una Unión Europea que se amplía año a año?¿Porqué tanto miedo a plantear si hoy en día los Españoles aceptarían pagar diecisiete parlamentos autonómicos mas su Congreso y Senado?¿Porqué tanto miedo a preguntarles acerca de la Españolidad de una región que tantas muestras de desprecio hacia ellos ha dado ya en estos pocos años de vida?

Tal vez sea por el más que posible resultado que tendrían dichas preguntas. Para ellos es impensable replantearse de nuevo una sociedad en la que ya han podido dar encaje a tantos favores debidos por sus carreras políticas. Tantos puestos subordinados a otros tantos comités inventados, que sirven para jubilar, premiar y degradar hacia arriba a sus piezas de ajedrez quemadas en la partida democrática. Demasiados cadáveres políticos que quedarían a la deriva a la vista de todos y que pondrían en evidencia cuan ruines, indeseables y codiciosos han sido y son quienes se llenaron y llenan la boca con soflamas democráticas.

Por este pensamiento, sólo por este, ya les debo a los nacionalistas algo más que un gracias. Les debo un voto a su favor de su independencia.

Antaño, con lo que está pasando en la actualidad de este mísero país, servidor se hubiese dejado las yemas de los dedos en su teclado poniendo negro sobre blanco todo cuanto su mente indignada tuviese a bien imaginar. Sin embargo, ya ven, el blog permanece sumido en un incómodo silencio, sólo roto en ocasiones por posts escuálidos, parcos y simples. Tal vez la razón sea que se nos acaban las fuerzas para expresar lo que creemos, que los políticos nos ganan, nos silencian, nos limitan.

Al mismo tiempo los periódicos, en sus versiones digitales, se han tornado en demoníacos foros ultras que atraen hacia sí a la más variopinta y fatal de las especies homínidas que militan u odian a los partidos. El insulto, la vejación, el estereotipo y la simpleza en los planteamientos, han tomado al asalto lo que otrora fuere la cuna de la cultura, el conocimiento y la democracia. Información invadida por la opinión y el sectarismo en la parte de arriba, incluso en el propio título del artículo, y borreguismo disfrazado en multitud de ocasiones de sarcasmo, ironía y falsa modestia en la parte en la que se supone que dialogan los lectores. Un desastre vamos.

Así que uno se sume en lecturas constructivas, paseos blogueriles alrededor de su lector de feeds, y monta su opinión a ritmo de tuit. Es más sencillo, menos laborioso y mil veces más reconfortante que escribir un largo artículo que pocos acabarán de leer con una mente sin prejuicios. Pero siempre hay un día en que uno necesita explayarse, sobrepasar la barrera de los ciento cuarenta caracteres del pajarito azul y sumirse en la escritura de un post que, esta vez sí, trata de tomar una instantánea del momento en que vive mi pobre mente calenturienta. Leyendo a Javier Linares en su post de hoy sobre las once leyes del pensamiento sistémico, me dan que pensar tres de ellas.

  • “Los problemas de hoy derivan de las soluciones de ayer”

Esos problemas son el paro y la crisis. Algunos dirían que hay más, pero estos son los que creo nos ocupan a todos los ciudadanos de a pie. La segunda deriva de la burbuja inmobiliaria y la primera de la segunda. La burbuja tuvo como nacimiento aquella ley del gobierno Aznar (que a mi me pareció bien) en la que el suelo se liberalizaba cediendo las competencias sobre el mismo a CCAA y Ayuntamientos.

La principal diferencia entre la anterior y la de Aznar era meramente administrativa; se pasaba de regirse por una regulación basada en el suelo urbanizable programado que tenía en cuenta la posible demanda a futuro, a liberalizarlo todo y simplificar el suelo en tres tipos (urbanizable, urbano y no urbanizable) con su consiguiente agilización burocrática. El propio diario El Mundo, como se puede leer en el enlace, advertía de que era posible que dicha simplificación derivara en corrupción como denunciaban los distintos partidos, pero aún así era una solución viable para conseguir el abaratamiento de la vivienda.

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Las viviendas no bajaron de precio, tal y como podemos comprobar en esta gráfica,  pero eso no le importó a los políticos, tanto a los que hicieron la ley como los que negándose a ella la mantuvieron impoluta cuando alcanzaron el poder en el 2004. A partir del 98 el incremento exponencial del precio de la vivienda fue desorbitado. Así que esa primera ley sistémica de Senge se cumple a la perfección en nuestra realidad.

  • “La causa y el efecto no están próximo en el tiempo y en el espacio”

Esta séptima ley sistémica también se cumple. La ley de Aznar se hizo en 1998 y la crisis tal cual nos ha llevado al desastre emergió en 2007, nueve años después.  Aún cuando los distintos gobiernos comprobaron que aquella ley del suelo no tenía absolutamente ningún efecto sobre el precio de la vivienda, salvo el de aumentar las ganancias de las constructoras que tenían el suelo más barato vendiendo los pisos más caros, permanecieron en la más absoluta inactividad al respecto alimentando con proclamas partidistas el ingreso en febriles Champions Leagues económicas mundiales que legitimaban salarios desorbitados, endeudamientos familiares exagerados y percepciones erróneas de la realidad económica.

Aquella ley del suelo llevaba aparejado el aniquilamiento de la economía nacional tal cual la conocíamos. Una simple ley sobre la que emergieron andanadas de actividades económicas que ofrecieron empleo con visos de futuro certero, pero que escondía una fecha de caducidad aterradora; el pinchazo de la burbuja. Centenares de miles de estudiantes salieron de los institutos para ganarse el pan en cualquier trabajo que desde el principio te daba mil euros. Estudiantes que más tarde lamentarían haber corrido en pos de ello mientras hacían cola en el INEM.

También esta séptima ley se cumple en ellos. Abandonaron los institutos a finales de los noventa y ahora al principio de los diez lamentan su falta de cualificación. Decisiones que diez años más tarde caen como losas a las espaldas de ciudadanos de treinta y cuarenta años, con familias constituidas, que ven impotentes cuan oscuro es el futuro que los espera. Ciudadanos que son demasiado mayores para ser aprendices y demasiado jóvenes para sentirse derrotados. Con las complicaciones para recuperar el camino estudiantil perdido de quienes tienen familia a su cargo. Con la sapiencia de que se equivocaron cuando tomaron una decisión intrascendental en su momento, pero fundamental para el resto de sus vidas en el futuro.

  • “No hay culpa”

Qué les voy a decir de ésta, que es la onceaba. Tan solo hay que leer periódicos, atender a pregoneros y escuchar a estómagos agradecidos. No hay culpa de nada, en nada. O si la hay es siempre de otros. Es el sino de nuestra democracia. La misma en la que la sintaxis es ya más importante que la verdad. Lo demuestra Bárcenas y su estaba o no a la nómina del partido. Una frase del presidente a la que se le saca punta en todas direcciones, convirtiendo lo dicho tanto en una verdad que lo excusa como en la mentira que lo culpabiliza.

¿No formar parte del PP qué significa, que no se tienen funciones, que no se tiene despacho, que no se milita o que no se cobra?¿Cómo puede ser que una sola frase tenga tantas derivadas, tantas mentiras, tantas verdades? En la sintaxis. La peor enemiga de la democracia. La verdadera arma de destrucción masiva de la sociedad alfabetizada.

Si los políticos atendieran de verdad a lo que ocurre en la calle, al sopor que se instala en las tertulias de barra de bar, al cansancio de los telediarios, los debates y la propaganda de periodistas vendidos al partido de sus amores, seguramente estarían defecando atemorizados en sus respectivos aseos de casa. Tal vez sí lo hagan, lo de darse cuenta digo, y hayan decidido hacer como si no lo ven para, por si una de aquellas, esa marea de cambio que se atisba en el horizonte se diluye en su propio fluido sin dejar que la sangre llegue al rio. Que lo que ocurra en realidad sea no lo ven, que es lo que parece que ocurre, no hace más que demostrar que ese cambio es necesario no sólo para la democracia, sino también para la salud mental del resto de ciudadanos. No harán falta revoluciones ni derrocamientos de poderes ningunos. La propia democracia se sacudirá a estos políticos como se sacude un perro las pulgas de su pelaje. A las próximas elecciones me remito.

Si hay algo que necesita el periodismo como agua de Mayo es saberse reconocido socialmente como se merece. En la era de la información, esa del mal llamado periodismo ciudadano que Marcelino no acepta como denominación, la desconfianza que provocan en nosotros los perfiles sociales de los periodistas y sus indisimuladas tendencias políticas, hacen que dicho reconocimiento se torne en una desconfianza congénita que induce a la objeción de cualquier atisbo de comentario que de ellos pudiera salir.

El dospuntocerismo, la moda de la tertulia de trinchera, el tributo al culto a la personalidad en detrimento de la mera información, han llevado a la profesión del periodista a un callejón sin salida que ha acabado por simplificar el concepto periodístico hasta el punto de no poder diferenciarlo de la opinión. La unión indisoluble entre periodistas y protagonistas de la información, ha terminado dinamitando la credibilidad de los primeros y confiriendo un aura de pagadores de favores a los segundos, que como última consecuencia, ha traído la desestabilización de la cuarta pata de la democracia hasta hacerla casi caer.

Y aún así, el caso Bárcenas, el Gürtel, los ERE’s Andaluces y demás escándalos de corrupción nos llevan a los ciudadanos a la certeza de que la del periodismo, por cutre, vendida o tergiversada que nos pueda parecer, es la única vía posible que nos queda para sabernos informados.

Podremos rebatir de forma automática cualquier información que se pueda dar en función de quien sea el que la de. Pero si hay algo que estos últimos años nos deberían haber enseñado ya, es que por muy corrompida, embarrada y teledirigida que nos pueda parecer la profesión periodística, al final siempre queda demostrado que donde se intuyó el humo hubo fuego. Y a eso es a lo que deben agarrarse quienes creen de verdad en el cuarto poder de la democracia.

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Compañeros de viaje

Yo no se si alguna vez ustedes se han aventurado a realizar un ejercicio de observación periférica de su entorno cibernauta. Tal vez algo así como recordar a sus compañeros de viaje en sus comienzos y compararlos con el ahora que viven. Fijarse en si hacen lo mismo. Si han evolucionado en sus trabajos. O, como me ha pasado a mi, si han llegado a ver cómo lo que ustedes siempre creyeron, que escribir en un blog no servía para nada, ha pasado a convertirse en la mayor de las mentiras bajo las que sustentaron sus más básicas creencias blogosféricas.

Tal vez el único límite que ponga la red para realizar los más disparatados sueños que pueda uno engendrar está nosotros mismos. Por aquí han pasado personas que ayer no eran más que blogueros y hoy escriben libros, participan en programas de radio o disfrutan de la escritura de alguna que otra columna de periódico. Lo único que hicieron para llegar a ello fue escribir en sus blogs, hacerlo con cariño y aceptar los riesgos de ponerse una meta mayor que la de simplemente pasar el rato.

Yo sigo conduciendo mi camión, escribo cada mucho por aquí y disfruto de mis lecturas blogueras ya a través del móvil. No he evolucionado nada, aunque hay quien diría que sí, pero disfruto. Y admiro a quienes han sabido sacarle partido a escribir en sus bitácoras. En plena crisis es agradable comprobar que si uno quiere pueda darle una vuelta completa a su vida.

Uno, en su agradable visión periférica de su entorno blogosférico, se congratula de saberse acompañado por ciudadanos tan admirables. Uno llegaría incluso a repensarse lo que hace unos días declinó a través del correo. Pero uno no es ellos. Uno no es constante. Uno, en definitiva, no es capaz de adquirir ese tipo de compromisos.

Yo soy mi límite. Un límite que de momento acepto con agrado. Espero que comprendas la negativa Montse. Espero que comprendas que mi blog, el escribir en él, aún tras casi diez años de andadura, sigue siendo no más que un pasatiempo agradable del que disfruto tan solo cuando mi pequeño duerme. No evoluciono, pero me es agradable pensar que hoy por hoy tengo exactamente lo que quiero tener.

No pido más. No quiero más.

Ayer coincidí con un conocido político de mi ciudad en un centro comercial de un pueblo vecino. El susodicho no es ni más ni menos que el tantas veces criticado por mi Josep Bermúdez. ¿Y saben una cosa? Es un tío normal. Hasta se sorprendió de que lo conociera siendo como es que pone su imagen al servicio de su partido y su fotografía en su blog, Facebook y twitter. Un tío normal que ayer iba hacia una reunión en pleno Sábado tarde para tratar un asunto relacionado con el agua. Eso dijo. Un Sábado por la tarde.

Este hecho hizo que viera desde otro prisma a los políticos y me empezara a convencer de que en realidad la culpa de que sintamos a los políticos como uno de los principales problemas de la ciudadanía reside únicamente en su incapacidad manifiesta para hacer llegar a ésta su sacrificada labor. Han leído bien, sacrificada. Ya me dirán qué calificativo debería tener el hecho de trabajar un Sábado por la tarde si no es ese…

A mi las ideas de Josep Bermúdez no me gustan. Tampoco su formación política y la reminiscencia de la que nace. Pero una vez apartadas de la foto fija todas estas cuestiones y con la sola imagen del ciudadano llano que se nos presenta como político que desea nuestro voto, deberíamos de confesar que hasta el más contrario a nuestras convicciones podría llegar a caernos bien. Al fin y al cabo no es más que otro ser humano que ha decidido dejar de esconderse tras una urna cada cuatro años y pasar a la primera línea a sabiendas de que de ahora en adelante cualquier cosa que haga o diga será de dominio público. Si eso es así, y lo es al menos por mi parte, ¿por qué tanta inquina, desafección y odio hacia otras personas que sólo han decidido dedicarse al servicio público?

Pues por la incapacidad de estos de enseñarnos su labor al resto de ciudadanos. Por su corporativismo a la hora de defenderse de casos de corrupción. Su empecinamiento en criticar cualquier cosa que venga del bando contrario. O ignorar deliberadamente las cosas buenas que les puedan llegar desde él. Cada vez que omiten un acuerdo germina más discordia ciudadana. Con cada media verdad la desconfianza. Con cada golpe de falso victimismo el odio hacia su labor.

Miramos a los bancos y los culpamos de la crisis. Miramos a los políticos y también. Los bancos no van a cambiar. Así que puede que la pelota del cambio esté situada en el tejado de los segundos. Si consiguen que confiemos en ellos, que entendamos su labor, que apreciemos su sacrificio, tal vez las cosas comiencen a cambiar para mejor.

Es cierto, hoy he hablado de un concejal de pueblo. Pero recuerden que es uno que está en las antípodas de mi ideario. Dirán que es sencillo hacer que alguien tan contrario a tus ideas te parezca persona cuando sabes que puedes coincidir con él cualquier día en una tienda de barrio. Es cierto. Pero es desde ahí y a partir de ellos desde donde está la cura para el mal de los políticos. A los de arriba se los pone desde abajo. Ni Rajoy, ni Rubalcaba, ni Cayo Lara, ni Rosa Diez nacieron siendo líderes sociales. También ellos comenzaron su andadura política como miembros de base y fueron ciudadanos como Josep Bermúdez quienes los auparon en sus respectivos partidos hasta el lugar en el que se encuentran.

Todos sabemos que el problema de los políticos, si somos sinceros con nosotros mismos, reside en que deben muchos favores a ciudadanos como Josep. Cuanto más alto se llega mayor es el coste que tienen los apoyos. Y cuanto mayor es el poder al que se aspira superior el lobbies del que se saben deudores. Ahí reside su problema. Sus deudas particulares. Las deudas que al final siempre acabamos pagando los ciudadanos.

Desde que comenzara mi aventura bloguera he tenido la sensación de que elegía mi camino arrastrado por la marabunta que me rodeaba. Mi visión del mundo blogueril se limitó por tanto a la reducida visión de una forma de revolución ciudadana con dos enemigos concretos; los medios de comunicación alineados a partidos políticos y los propios partidos con sus descomunales aparatos. Hoy en día creo sinceramente que la batalla la hemos perdido. Los periodistas que en aquel entonces se desgañitaban lanzando pestes sobre los bloguers, hoy son reconocidos gurús mediáticos de éstos y no sólo han pasado a convertirse en referencia de la opinión en este mundillo, sino que además han encabezado la revolución dospuntocerista de la mano de Twitter.

Estos periodistas hacen de los hasgtags una herramienta desde la cual conseguir más adeptos a sus particulares visiones de la opinión, convencen y transforman a sus oyentes, televidentes y lectores en voceros desinteresados de unos mensajes que les han sido dictados a la luz de una vela en un cuarto oscuro cualquiera de la tercera planta de la casa política a la que pertenecen y han logrado convertir lo que bien podría haber supuesto el fin de la mentira en la que vivimos en nada menos que su más garante seguro de vida.

Desde hace meses me cuesta un trabajo insufrible ponerme a expresar mis opiniones por aquí. Cada vez que alguien decide responder a una de mis opiniones con una retahíla de mensajes pre-aprendidos me convenzo un poco más de que es inútil perseverar en la obcecación. La mayoría dice leer varios periódicos al día. Yo no lo creo. No se puede leer El Mundo, El País, La Razón, Público o el ABC en un día y después mantener el dedo acusador en una misma dirección de forma inalterable. Es imposible que alguien que lea al menos dos de estos periódicos pueda mantenerse seguro de nada cuanto crea  que ha aprendido leyéndolos. Es utópico que el dedo permanezca perennemente acusador en una misma dirección sin que la sombra de la duda haga acto de presencia en el subconsciente de cualquiera que adopte la estrafalaria determinación de traicionar a su línea editorial con la contraria. La duda debería ser buena, sana, necesaria, y sin embargo para la mayoría supone más debilidad que inteligencia. Hasta ahí nos ha llegado la mierda.

Decía Alfred Marshall que toda frase breve acerca de la economía es intrínsecamente falsa. Yo lo creo. Cualquier frase que reduzca su tamaño para intentar ser comprendida pierde muchos de los matices que le dan forma. La economía, la política, la opinión, no se pueden contar con frases cortas que desvirtúen su significado. Han de ser largas, avezadas en su explayado, simples en su conjunción. Pero no cortas. Tal vez por eso en un principio no me gustó la herramienta del pajarito. Era demasiado evidente que la tendencia de los blogs hacia Twitter desvirtuaría su contenido hasta reducirlo a los ciento cuarenta caracteres que nunca han alcanzado para resumir más que el sonido de una ventosidad salida de las nalgas. Y la evolución de este mundillo del que me reconozco desengañado ha derivado en un silencio sepulcral en uno de sus pilares para pasar a convertirse en un sencillo escaparate de titulares al que rara vez le sigue la lectura de un artículo. El silencio de los blogs se ha convertido en un ruido estruendoso en la relampagueantes manos de twitter y demás redes sociales.

Ya no hay conversación, tan solo eco. Y el eco, como los mensajes pre-aprendidos , no es más que otro de los ruidos que debemos rehuir para conseguir permanecer informados de forma veraz y efectiva.

Escribir ya no es lo que era. Antaño suspiraba por enfrentarme al ordenador. Hoy en día podrían pasar semanas enteras sin acordarme de éste rincón y ni siquiera sentiría el más mínimo remordimiento por ello. Puede que la culpa de ello sea que al final haya comprendido que la más de las veces lo mejor es callarse las opiniones propias. Dejar que los demás deambulen alocadamente por sus atribuladas idas y venidas. Comprender que por muy bien escrita que esté, mi palabra no es más que otra de las millones que habitan en este inmenso mundo.

Uno lo ve claro cuando por casualidad se detiene a leer los comentarios que acompañan las noticias de los diarios. Cuando escucha a la gente del pueblo llano expresarse en la radio y rezumar ese tufillo inequívoco a loro que exhalan con cada frase aprendida. Cuando adivina entre líneas la confesión nunca reconocida de quienes no saben más que jugar con las ideas de la ciudadanía. Es un sinsentido. Una especie de orgía de la opinión la que nos ha arrebatado la conversación que antaño conocimos y que aún hoy no alcanzamos a añorar.

La revolución de la blogosfera que hace unos años tanto cacareamos se ha quedado en una simple panfletada. No somos ciudadanos libres que opinamos sin miedo. No. Somos altavoces, copypasteadores dospuntoceristas de las ideas de los partidos, de sus medios de comunicación, de sus aparatos. Quisimos reconvertir la opinión y no hemos conseguido más que formar parte activa de la misma renunciando a la imparcialidad. No hay más que leer este blog o cualquiera que se les ocurra, todos huelen.

Recuerdo cuando la blogosfera era opinión. Hoy en día esos recuerdos se me difuminan y ya no se si alguna vez existieron de verdad.

Es interesante el mapa que Rafael Pampillón nos mostraba el otro día en su blog. En el quedan representados los países que tienen salario mínimo interprofesional por ley y los que no. Y me es curioso porque en Alemania o Italia no existe ese salario mínimo y sí en Reino Unido o Francia. Es uno de esos mapas que nadie utiliza para apoyarse en sus opiniones sencillamente porque sirve para avalar cualquiera de las dos posiciones que se podrían poner como punto de partida en un supuesto debate sobre ese mismo salario mínimo.

Un mapa en donde queda demostrado que con él se puede cobrar una miseria y sin él vivir en la locomotora de Europa. Y al mismo tiempo con él asegurarse una renta considerable y sin él la práctica esclavitud del asalariado. Un mapa inconsistente para quienes tienen la necesidad de sentar cátedra con sus opiniones y revelador para quienes sencillamente nos hacemos preguntas que no pretendemos saber contestar.

salario mínimo interprofesional

Las preguntas se las hacen ustedes mismos sin que haya necesidad de que yo materialice aquí las mías. De todos modos les dejo otra gráfica en la que aparece detallada la media de ingresos brutos anuales de los trabajadores de la UE para que se hagan las preguntas que de verdad les hagan pensar sobre lo plasmado en la primera. Ustedes ya son mayores de edad.

media salarial ue

Pocas cosas deberían ser mejor recibidas que aquellas que supusieran una liberación para una democracia agotada bajo los achaques de un chantajismo periférico que la ha contaminado desde el comienzo de sus días. PP y PSOE deberían entender como una bendición el saber que, en unas hipotéticas elecciones generales, su desgaste electoral no sólo traería savia nueva a la vida política de este país, sino que además propiciaría que el voto cautivo que hoy se mantiene a ambos lados del decadente bipartidismo en el que nos encontramos, implosionaría por culpa de la crisis y acabaría por propiciar no sólo la apertura de un inmenso abanico de posibilidades a la hora de fabricar nuevas y fructíferas alianzas post-electorales, sino que además de un plumazo los liberaría de la dictadura de unos partidos independentistas que durante años han lastrado su mensaje político cambiando dineros por votos.

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Según la simulación del resultado electoral de Metroscopia en unas hipotéticas elecciones generales, los dos grandes verían derrumbarse el bipartidismo atenazado bajo el yugo de los independentista Catalanes y Vascos. Ello conllevaría la entrada en el arco parlamentario de IU y UPyD con 48 y 30 diputados respectivamente que convertirían a PNV y CIU, con 5 y 10 en este caso, en meros convidados de piedra de una verdadera política de estado a todas luces libre de chantajismos. Bajo la tutela de la revolución de las urnas, se acabaría de un plumazo con las políticas que durante lo que llevamos de democracia nunca tuvieron como aspiración suprema el bien de la nación Española, sino más bien el de Cataluña y País Vasco.

Es una gran noticia esta simulación. Si fuera cierta y este supuesto llegara a fructificar, los ciudadanos Españoles ya no tendrían necesidad de permitir que sus votos estuvieran cautivos bajo unas siglas en función de lo que podrían hacer los contrarios con ellos. Los mismos partidos podrían establecer más claramente cuales son sus ideas sin miedos a lo que opinara la periferia. Seríamos más libres para votar. Tendríamos mejores partidos. Se nos representaría mejor. Y sobre todo sabríamos que ya nunca más se nos vendería por dinero a Cataluña ni País Vasco.

Sin duda ninguna una gran noticia, al menos, para quien aquí escribe.